domingo, 3 de diciembre de 2017

¿QUIÉN ERA SARGÓN II?



                                                                                   Francesc Ramis Darder
                                                                                   bibliayoriente.blogspot.com


La ascensión al trono de Sargón II aconteció entre las intrigas cortesanas del palacio de Kahlu. Como hemos reiterado, quedaba aún pendiente la profunda reforma administrativa. Desde la etapa de Salmanasar III, la solidez del reino dependía de la férrea disciplina impuesta por la corte, instalada en Kahlu; en ese sentido era cada vez más importante, como señalamos, el papel de los parientes del rey, eco de los grandes dignatarios de Kahlu, que fiscalizaban la conducta de gobernadores y reyes vasallos. Quizá Salmanasar V intentara una reforma que impusiera a las ciudades de antigua raigambre asiria nuevas obligaciones; así parece indicarlo la rebelión de la ciudad de Asur, sometida a leva militar y al pago de tributos. Posiblemente, tanto las rebeliones de las ciudades asirias como las intrigas de la corte, favorecidas por los parientes del rey, alentaron el golpe de estado que descabalgó a Salmanasar V y encumbró a Sargón II. La rebelión de Asur y otras ciudades, determinó que Sargón II dedicara las primicias de su reinado a sofocar las rebeliones internas (722 a.C.); así liberó a Asur y a las urbes rebeldes de las imposiciones militares y tributarias para rehacer la paz del reino.

    Enfrascado en la pacificación del país, el rey sufrió la sedición de Babilonia. ¿Cómo sucedió? Durante la etapa de confusión que desgarró Mesopotamia (ca. 1077-911 a.C.), algunas tribus semitas consiguieron asentarse en la región. Los litaû, puqudû y gambulû se instalaron junto a la frontera elamita, en el curso inferior del Tigris, mientras otro contingente, los caldeos, alcanzaron el antiguo país de Sumer. Con el tiempo, los caldeos dominaron la región de Babilonia; como hemos expuesto, Nabû-nâsir (747-734 a.C.), acosado por los arameos, suplicó el auxilio de Taglat-Phalasar III quien, a la muerte del usurpador Ukîn-zêr (731 a.C.), se proclamará rey de Babilonia con el nombre de Pûl. Más tarde, aprovechando la confusión asiria que determinó la caída de Salamanasar V, un dirigente caldeo, Marduk-apla-iddina (721-710 a.C.), asentado en las riberas del Golfo Pérsico, aprovechó la adversidad interna que atravesaba Asiria al inicio del reinado de Sargón II para aliarse con el soberano elamita, Humban-nikash I (742-717 a.C.), y proclamarse rey de Babilonia. Cuando Sargón hubo tomado el control de Asiria, se enfrentó con la alianza caldeo-elamita en Dêr (720 a.C.), en la región del Tigris medio; aunque la propaganda asiria adjudicara la victoria a Sargón, venció Marduk-apla-iddina y pudo mantenerse en el trono babilónico.

    Aprovechando también la confusión asiria tras el golpe que destronó a Salmanasar V, el rey arameo de Hama, en Siria nororiental, Ilu-bi-di (720 a.C.), había abandonado el vasallaje asirio; como insinuamos, Taglat-Phalasar III sojuzgó Hama, después deportó parte de su población a los Zagros y la sustituyó por arameos del Alto Tigris (743 a.C.), de ahí la inquina de hamaita contra Asiria. La rebelión de Ilu-bi-di habría podido provocar, apoyada en la confusión asiria, la sedición de las provincias sirias y cercenar la influencia asiria en la zona palestina. Cabe pensar que tras la intentona de Hama latía el taimado aliento de Egipto para quebrar indirectamente la creciente prestancia asiria. Sin duda, la influencia egipcia aflora bajo la sublevación de Hamuna, rey de Gaza, en territorio filisteo, contra Asiria, por las mismas fechas que la revuelta de Hama (720 a.C.). La respuesta asiria contra la rebelión fue de lo más contundente. Tras asentar su autoridad en la corte de Kahlu, Sargón II derrotó a Ilu-bi-di en Qarqar (720 a.C.), junto al Orontes en Siria, incorporó Hama al territorio asirio, y deportó a los sedicentes a Asiria; a continuación, venció al ejército egipcio y acabó con la revuelta de Gaza (720 a.C.). A pesar de la derrota, Egipto continuó intrigando contra Asiria. El faraón Bocchoris, último soberano de la Dinastía XXIV, alentó la revuelta de Judá, Moab y Edom, encabezada por Iamâni, rey de Asdod, en la región filistea, contra Asiria (712 a.C.). La victoria de Sargón sobre los rebeldes también alteró seriamente la política egipcia; Bocchoris cayó bajo la presión del nubio Shabaka (716-701 a.C.) que acabó con la Dinastía XXIV, para instaurar el gobierno de la Dinastía XXV, inaugurada antaño por Pianki (751-716 a.C.).

    La injerencia elamita había propiciado la pérdida de Babilonia, mientras la hostilidad egipcia había comprometido el esfuerzo de Sargón en el control de la región sirio-palestina; por si fuera poco, Urartu también intrigaba contra Asiria desde el norte. Años atrás, como expusimos, Asiria y Urartu habían pugnado por la supremacía política y el dominio de las rutas comerciales del norte. Como es obvio, la expansión urartea hacia Siria y la meseta irania anunciaba su penetración en el área mesopotámica y la consiguiente desaparición de Asiria. Ante la amenaza uratea, Taglat-Phalasar III había diezmado Urartu, pues asedió la capital, Tushpa, junto al lago Van, sin llegar a conquistarla. Desde entonces, la debilidad militar impedía a los urateos enfrentarse directamente con Asiria, por eso, al estilo de egipcios y elamitas, instigaban las revueltas contra el dominio asirio en la zona septentrional de Mesopotamia. En este sentido, el reino arameo de Carquemish, auxiliado por Urartu, aprovechó la convulsión reinante en la corte de Kahlu tras la ascensión de Sargón, para romper el vasalla ente Asiria. Dolido de la afrenta, Sargón conquistó Carquemish y lo convirtió en provincia asiria (717 a.C.). Más adelante (714 a.C.), Urartu instigó la belicosidad contra Asiria entre los medos, manneos y zikirtu que poblaban las riberas del lago Urmia. La política de Rusa I, rey de Urartu, consiguió que los manneos abandonaran el vasallaje ante Asiria para aliarse con los urarteos. La respuesta asiria no se hizo esperar. Sargón II tomó la ciudad urartea de Musair, en el noreste (714 a.C.); la conquista conllevó el suicidio de Rusa I y el ocaso de las intrigas que Urartu, valiéndose de las tribus septentrionales, emprendía contra Asiria desde el norte. Desde la perspectiva teológica y propagandística, Sargón revistió la campaña contra Urartu con el manto religioso de una carta dirigida al dios Asur, destinada a ser leída en público, para poner la contienda bajo la advocación de la divinidad nacional; por eso, arrasada Musair, el rey rapiñó la imagen el dios Haldi, deidad principal de Urartu, y la llevó a Asiria para poner de manifiesto la sumisión urartea, representada por la deportación de su dios, ante la superioridad asiria, simbolizada por Asur. No obstante, Urartu, contando con el apoyo del Mitâ, soberano de Mushki, en la región frigia, temeroso también de la supremacía asiria, alentó la rebelión de los principados neo-hititas, asentados en el Tauro, contra Asiria. Atento a la revuelta, Sargón conquistó los principados neo-hititas de Quê en la región cilicia, y Gurgum, Milid, Kummuhu, y parte de reino de Tabal, sobre el Taurus, para convertirlos en provincias asirias (712 a.C.); la conquista determinó el ocaso del papel intrigante de Mitâ, aliado de Urartu, contra Asiria.

    Asentado su dominio sobre el centro y norte de Mesopotamia, Sargón emprendió la conquista de Babilonia. La región, vinculada antaño con Asiria, había conseguido la independencia, como dijimos, gracias a la confusión que envolvió la ascensión de Sargón y al auxilio elamita, sin que las tropas asirias pudieran someterla por las armas (721/720 a.C.). El rey de Babilonia, Marduk-apla-iddina, jefe de la tribu caldea de Bît-Iakîn, había reunido bajo su cetro a las tribus caldeas instaladas en el territorio del antiguo País de Sumer (721-710 a.C.). Cuando Sargón invadió Babilonia, Marduk-apla-iddina se refugió en la fortaleza de Dûr Iakîn, bastión de su propia tribu (712 a.C.). Más tarde (710 a.C.), buscó refugio en Elam, su aliado. Sargón entró en Babilonia (710 a.C.); con intención de certificar su autoridad “tomó la mano de Bêl”, dios tutelar de Babilonia, para manifestar la solidaridad del dios caldeo con su dominio sobre las tierras babilónicas. La conquista de Babilonia aterrorizó a los reinos circundantes que se apresuraron, temerosos de sucumbir ante Asiria, a rendir pleitesía ante Sargón. Así lo hizo Mitâ, antiguo aliado de Urartu durante las intrigas de los reinos neo-hititas contra Asiria; Upêri, rey de Dilmun, enclave comercial en el Mar Rojo, frente a la península de Qatar; y los monarcas de Iatmana, antiguo nombre de Chipre, intermediarios del comercio en el Egeo y productores de cobre.


    Durante los años que median entre la conquista de Carquemish,  la obtención del dominio sobre los principados neo-hititas y la sumisión de Babilonia, Sargón edificó una nueva residencia al noroeste de Nínive, Dûr Sarrukîn, literalmente “fortaleza de Sargón” (717-706 a.C.). La nueva residencia permitía al monarca distanciarse de la corte de Kahlu, ámbito de intrigas palaciegas, para poder gobernar, sin las ataduras de la antigua nobleza aun carente de reforma administrativa, sobre la inmensidad de Asiria. La emblemática Dûr Sarrukîn conformaba un cuadrado rodado por una muralla (1,5x1,5 km); al norte, una muralla interior circundaba la ciudadela que albergaba el palacio real, el templo de Nabû, y un solemne zigurat. La altura a que se alzaba la morada real junto a las esculturas de toros androcéfalos que guarnecían las puertas enfatizaban la autoridad de Sargón. Sin duda, Dûr Sarrukîn significaba la cumbre del segundo renacimiento asirio, pero también quería apuntalar la legitimidad del rey que había subido al trono en medio de las intrigas de la corte de Kahlu.

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