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viernes, 19 de febrero de 2021

LAUDATO SI

 


                                                               Francesc Ramis Darder

                                                               bibliayoriente.blogspot.com


    Laudato SI



jueves, 2 de enero de 2020

CIELO NUEVO Y TIERRA NUEVA




                                                       Francesc Ramis Darder
                                                       bibliayoriente.blogspot.com



Como narra el Génesis, Dios creó el cosmos y confió al hombre la responsabilidad de conducirlo por la buena senda; así la “casa común del hombre y los vivientes” podría ser la comunidad “muy buena” deseada por Dios. No obstante, el ser humano, abrazado a la idolatría, convirtió el proyecto de Dios en un yermo de “vacío y caos” (Jr 4,23).

    Cuando la primitiva Iglesia palpó la persecución, sintió la lejanía del triunfo del plan divino (Ap 3,1422; 9,13-21). Juan, testigo del Señor, quiso devolverle la esperanza; dijo a la asamblea: “Vi un cielo nuevo y una tierra nueva. Habían desaparecido el antiguo cielo y la antigua tierra” (Ap 21,1).

    El antiguo cielo alude a la sociedad dominada por los astros, metáfora de la idolatría que carcome el corazón humano (Lc 21,25). La antigua tierra refiere la sociedad aherrojada en la injusticia (Am 2,6-16). Cuando ambos desaparezcan, alboreará el cielo nuevo, eco de la sociedad que refleja la gloria de Dios (Sal 19), y la tierra nueva, alegoría del mundo que trasluce la bondad divina (Gn 1, 21). Ahora bien, la transformación no advendrá por azar, sino por el testimonio cristiano, pues “dar testimonio de Jesús y tener espíritu profético es una misma cosa” (Ap 19,10).


viernes, 13 de diciembre de 2019

¿CUÁNDO ACABARÁ EL MAL?




                                                                     Francesc Ramis Darder
                                                                     bibliayoriente.blogspot.com



El ocaso del mal

Acostumbrados a la persecución, los discípulos de Jesús desconfiaban del advenimiento del día en que la humanidad viviría hermanada en la fraternidad. Con intención de devolverles la esperanza, el Señor les dijo: “Habrá señales en el sol, en la luna y en las estrellas […] pues las potencias del cielo quedarán violentamente sacudidas” (Lc 21,25-28). Jesús toma un ejemplo de la naturaleza, los astros del cielo, para explicar el ocaso definitivo del mal.

    La mentalidad oriental percibía bajo la imagen del sol la metáfora de quienes consumen su vida tras el afán de poder. Contemplaba bajo la figura de la luna, el rostro del hipócrita que se deshace por las apariencias. Entendía tras las incontables estrellas la identidad de quien acapara bienes sin medida. Como sentencia Jesús, al final de los tiempos morirá la idolatría, oculta bajo la mención de los astros, y brotará el mundo “muy bueno” que Dios previó al origen de los tiempos (Gn 1,31).

    No obstante, el cosmos “muy bueno” no emergerá por arte de magia. Nacerá de la semilla, símbolo de la fuerza transformadora del evangelio, que los discípulos siembren en el corazón de la humanidad (Ju 15,16-17).

miércoles, 4 de diciembre de 2019

ECOLOGÍA BÍBLICA X



                                                                         Francesc Ramis Darder
                                                                         bibliayoriente.blogspot.com



El Jardín del Edén

Como señala la Escritura, el Señor formó al hombre, Adán, con el polvo de tierra; después, tomó una de sus costillas para conformar a la mujer, Eva (Gn 2,4-25). La pareja constituye la metáfora de la humanidad entera. El Señor los alojó en un jardín, lleno de árboles feraces y rodeados de animales. Adán y Eva, el jardín, los animales y los árboles frondosos simbolizan la armonía entre la naturaleza y la sociedad humana.

    La armonía subsistirá mientras la humanidad, eco de Adán y Eva, no coma del “árbol de la ciencia del bien y del mal” (Gn 2,9). El árbol representa la ley de Dios, y el hecho de comer refiere el empeño por destruir la ley divina. El mundo feliz subsistirá mientras la humanidad “respete la justicia, ame la fidelidad, y se conduzca humildemente ante Dios” (Miq 6,8).

    Sin embargo, Adán y Eva comieron del árbol con la misma vanidad que la sociedad humana sucumbió a las zarpas de la injusticia. La tierra dejó de ser un jardín para llenarse de espinas y abrojos, mientras la paz humana se destejía entre la guerra y la injusticia (Gn 3,18; Is 3). Surge una pregunta: ¿no será nunca posible trenzar una sociedad feliz y un mundo armónico?

lunes, 14 de octubre de 2019

ECOLOGÍA BÍBLICA X




                                                                       Francesc Ramis Darder
                                                                       bibliayoriente.blogspot.com



El Jardín del Edén

Como señala la Escritura, el Señor formó al hombre, Adán, con el polvo de tierra; después, tomó una de sus costillas para conformar a la mujer, Eva (Gn 2,4-25). La pareja constituye la metáfora de la humanidad entera. El Señor los alojó en un jardín, lleno de árboles feraces y rodeados de animales. Adán y Eva, el jardín, los animales y los árboles frondosos simbolizan la armonía entre la naturaleza y la sociedad humana.

    La armonía subsistirá mientras la humanidad, eco de Adán y Eva, no coma del “árbol de la ciencia del bien y del mal” (Gn 2,9). El árbol representa la ley de Dios, y el hecho de comer refiere el empeño por destruir la ley divina. El mundo feliz subsistirá mientras la humanidad “respete la justicia, ame la fidelidad, y se conduzca humildemente ante Dios” (Miq 6,8).

    Sin embargo, Adán y Eva comieron del árbol con la misma vanidad que la sociedad humana sucumbió a las zarpas de la injusticia. La tierra dejó de ser un jardín para llenarse de espinas y abrojos, mientras la paz humana se destejía entre la guerra y la injusticia (Gn 3,18; Is 3). Surge una pregunta: ¿no será nunca posible trenzar una sociedad feliz y un mundo armónico?


viernes, 27 de septiembre de 2019

ECOLOGÍA BÍBLICA IX




                                                                                               Francesc Ramis Darder
                                                                                               bibliayoriente.blogspot.com




Los cielos proclaman la gloria de Dios

Con demasiada frecuencia los hebreos deambulaban por el bosque de la idolatría, metáfora de la injusticia, representada por el desierto y el páramo (Is 34,6-7). Entonces, el salmista les invitaba a levantar la vista para percibir que “los cielos proclaman la gloria de Dios, y el firmamento pregona la obra de sus manos” (Sal 19,2-5).

    El movimiento armónico del sol y la luna, junto a la estabilidad de las estrellas despertaban la reflexión: “La ley del Señor es perfecta; es descanso para el hombre” (Sal 19,8). La armonía de los cielos, ‘ecología’ que el hombre no podía alterar, recordaba la entidad del cosmos “muy bueno” que Dios creó, pero el hombre trocó en caos y confusión (Gn 1,31; Jr 4,23).
 
    La reflexión abría la puerta de la plegaria; decía la asamblea: “Purifícame, Señor […] guárdame del orgullo ¡que jamás me domine!” (Sal 19,13-14). Bajo la mención del orgullo trasparece la injustica que desteje la concordia social. Contemplando la ‘armonía celeste’, la comunidad comprometía la existencia en la construcción de la ‘ecología terrestre’, anclada en la solidaridad y la justicia, blasones de la humanidad feliz.


domingo, 15 de septiembre de 2019

ECOLOGÍA BÍBLICA VIII



                                                                        Francesc Ramis Darder
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Desierto y Vergel

Bajo la metáfora de la tierra ajada por la degradación ecológica, la Escritura denuncia las zarpas de la injusticia que devastan la sociedad. Cuando Adán y Eva, símbolo de la humanidad, devoraron el fruto del árbol, perdieron el paraíso, alegoría de la comunidad feliz, para malvivir en tierra de “espinas y cardos”, eco de la sociedad enfrentada por el odio (Gn 3,14-19).

    Demasiadas veces Israel, asentado en la injusticia, aparece bajo la mención del “desierto, la estepa, y el páramo” (Is 34,6-7); tras el símbolo de la tierra yerma, aflora la identidad del pueblo idólatra, incapaz de conducirse por la senda “muy buena” (Gn 1,13), planeada por Dios al comienzo del tiempo.

    No obstante, el Señor no consiente la esterilidad de su pueblo; por eso proclama: “Haré brotar ríos […] y fuentes […] para transformar el desierto en estanque, y la estepa en manantiales de agua” (Is 41,18). Los ríos y las fuentes constituyen la metáfora de quienes comprometen su vida en irrigar la tierra estéril, esbozo de la sociedad injusta, con el agua, alegoría de la solidaridad, con que el desierto alumbrará el vergel, metáfora de la humanidad hermanada en la fraternidad.


miércoles, 4 de septiembre de 2019

ECOLOGÍA BÍBLICA VII




                                                                            Francesc Ramis Darder
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Lealtad, Justicia, Derecho

Cuando Dios comenzó a crear, “la tierra era caos y confusión” (Gn 1,2). Los términos “caos y confusión” describen la identidad de los ídolos que atenazan al hombre: el afán de poder, el ansía de poseer, la pasión por dominar, y la superficialidad en las relaciones humanas. Dios decidió crear el cosmos para convertirlo en la “casa común del hombre y los demás vivientes”. El ámbito donde gozar del sábado, eco de harmonía y fraternidad. El Señor descansó de su tarea cuando confió al hombre la custodia del mundo creado (Gn 1,29-30).

   Sin embargo la idolatría, alegoría de la injusticia, anidó en el alma humana hasta poner en peligro el mundo que Dios había tejido con amor. Cuando el profeta Jeremías veía la impiedad de Jerusalén decía: “La tierra es caos y confusión, los cielos han perdido su luz” (Jr 4,23-26); pues la injusticia enfangaba al hombre en la oscuridad previa a la creación.

    Jeremías no limitó a llorar por la sociedad deshecha. En nombre de Dios, mostró al ser humano, culpable del desastre, los sillares para edificar un mundo feliz: “Quien quiera construir que ponga en práctica la lealtad, la justicia y el derecho” (Jr 9,23); solo así el cosmos, nacido de las manos de Dios, podrá reflejar la gloria del Señor.

viernes, 30 de agosto de 2019

ECOLOGÍA BÍBLICA VI




                                                                      Francesc Ramis Darder
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Y el séptimo día descansó

Como señala la Escritura: “Cuando llegó el séptimo día Dios había terminado su obra, y descansó el día séptimo de todo lo que había hecho” (Gn 2,2). Desde el embrujo poético, la locución “descansó el séptimo día” enfatiza que Dios “experimentó la felicidad del sábado” al contemplar la armonía del cosmos nacido de sus manos. La comunidad hebrea entendía que la “felicidad del sábado” era el mayor gozo posible; por eso, cuando el Génesis subraya que Dios experimentó el máximo gozo, sentencia que saboreó la “felicidad del sábado”.

    El gozo de Dios nace, sin duda, de la alegría que comporta la contemplación de la armonía del cosmos. Ahora bien, el descanso divino también reposa en la confianza que deposita en el ser humano para que pula la creación como espejo de la bondad de Dios. El Señor ha creado al hombre a su imagen y semejanza para convertirlo en custodio de la creación que debe destilar concordia y fraternidad. Surge una cuestión: ¿Será capaz el ser humano de tal encomienda?


jueves, 22 de agosto de 2019

ECOLOGÍA BÍBLICA V


                                                                                Francesc Ramis Darder
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Todo era muy bueno

La primera página del Génesis constituye la más profunda metáfora para describir el origen del cosmos, de los vivientes, y del ser humano. Al atardecer de los cinco primeros días de la creación, la Escritura señala la meditación divina: “Y vio Dios que era bueno” (Gn 1,18). No obstante, el sexto día, cuando Dios ha culminado su obra, la reflexión es más honda: “Vio Dios todo lo que había hecho, todo era muy bueno” (Gn 1,31).

    El cosmos, la “casa común del hombre y los demás vivientes”, es muy bueno porque constituye el reflejo de la bondad divina. La Biblia contiene un lenguaje preciso. Si contamos las veces que aparece la palabra Dios en el relato de la Creación, veremos que son 35. El número 35 es el producto de 5 por 7. Desde la óptica metafórica, el 5 alude al Pentateuco, los cinco primeros libros de la Biblia donde figuran los Mandamientos; mientras el 7 constituye una referencia a la totalidad de la creación. Así pues, todo el cosmos (7) creado por Dios reposa por entero en la armonía que confiere la fidelidad a los mandamientos divinos (5). La tarea del ser humano consiste en conducir el cosmos por la senda de la armonía para que la creación pueda reflejar la bondad del Señor.  

   




viernes, 16 de agosto de 2019

ECOLOGÍA BÍBLICA IV




                                                               Francesc Ramis Darder
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Hombre/Mujer

Las primeras páginas del Génesis certifican la creación del ser humano: “Creó Dios al hombre a su imagen y semejanza; a imagen de Dios lo creó” (Gn 1,27a). A continuación, figura un matiz decisivo: “Varón y hembra los creó; y los bendijo” (Gn 1,27b). Así establece la igualdad entre hombre y mujer; a la vez que les encarga la tarea de conducir la creación por la senda propuesta por Dios, señalada en los mandamientos (Ex 20,1-21).

    El hombre y la mujer no trenzarán la “casa común de la humanidad y los demás vivientes” con los mimbres de los falsos dioses. La tejerán con las hebras propuestas por el Señor. Forjarán su existencia desde la capacidad de compartir, la sinceridad mutua, el respeto por el medio ambiente, junto al empeño por ahondar en la fraternidad y la felicidad humana.

    Valiéndonos de la metáfora, podemos decir Dios determina un cambio en la ecología relacional entre el hombre y la mujer. La sociedad del Oriente antiguo establecía la relación hombre/mujer sobre el parámetro del dominio masculino y la sumisión femenina (Pr 31); pero la igualdad hombre/mujer, propuesta por el Génesis, alienta las relaciones sanas, respetuosas, e igualitarias, senda de la ternura y el crecimiento interior del ser humano.


martes, 6 de agosto de 2019

ECOLOGÍA BÍBLICA III




                                                                        Francesc Ramis Darder
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Misión del ser humano


Como señala el Génesis, la intervención de Dios originó la luz, la bóveda para separar las aguas, la vegetación, las lumbreras del cielo, los animales marinos, las aves, los animales terrestres y, finalmente, el hombre. Dijo Dios: “Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza” (Gn 1,26). Después, especificó la misión del ser humano: “habitad y someted la tierra” (Gn 1,28). Desde la perspectiva bíblica, la locución no indica en modo alguno la autoridad arbitraria del hombre sobre el resto de la creación. Señala la obligación impuesta por Dios al ser humano para que conduzca el curso de la creación por la senda de los mandamientos divinos (Ex 20,1-21).

    El hombre no puede someter la creación al dominio de los falsos dioses que él mismo engendra. No puede subyugar la naturaleza, la “casa común de los seres vivos”, al afán de poder, ni al deseo de aparentar, ni a la explotación, ni tampoco a la superficialidad que implica el menosprecio hacia las creaturas. La misión del ser humano radica en construir la sociedad que, en harmonía con la naturaleza, transparente el amor de Dios por el mundo entero.

sábado, 3 de agosto de 2019

ECOLOGÍA BÍBLICA II



                                                                                              Francesc Ramis Darder
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Caos y Confusión


     Los ídolos capaces de acabar con la tierra, la “casa común del hombre y los demás seres vivos”, son cuatro: el afán de poder, la ambición de acaparar bienes sin medida, el afán por la falsa apariencia, y la superficialidad en el conocimiento personal y la relación social.

    Cuando Dios “creó el cielo y la tierra”, estableció que el ámbito ecológico, la “casa común de la humanidad y los vivientes”, dejaría de estar sometida a la superficialidad, el poder, la ambición, o la apariencia, para estar sostenida en el designio divino.

    Al leer el relato de la Creación (Gn 1,1-2,4), apreciamos que la locución “dijo Dios” aparece diez veces. Según la simbología bíblica, las diez menciones constituyen la metáfora de las “Diez palabras”, eco de los diez mandamientos proclamados por Dios en el Sinaí (Ex 20,1-21). La Biblia certifica, de ese modo, que la harmonía del cosmos reposa en la vivencia de los mandamientos


viernes, 2 de agosto de 2019

ECOLOGÍA BÍBLICA




                                                      Francesc Ramis Darder
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En el principio.

La palabra “ecología” brota de la adición de dos términos griegos. El primero, “eco”, rememora la calidez de una “casa familiar”; desde la perspectiva metafórica alude a la “casa común”, es decir, la tierra, el ámbito donde conviven el hombre y los demás seres vivos. El segundo, “logia”, alude a la explicación de cómo es y cómo se desenvuelve la casa común, la tierra, donde cohabita el ser humano con el resto de vivientes. Así, la “ecología” constituye la descripción de la relación que mantienen los seres vivos entre sí y con la tierra que les cobija.
 
    La Escritura abre sus páginas con palabras solemnes: “En el principio creó Dios el cielo y la tierra” (Gn 1,1). La palabra hebrea traducida por el término “crear” adquiere un significado profundo. Entre otras cuestiones, expresa la buena relación que Dios establece con “el cielo y la tierra”. Certifica la buena relación que Dios anuda con la “casa común del hombre y los seres vivos” para que el ser humano pueda habitar en una sociedad feliz. Dios crea el cielo y la tierra con intención de forjar un mundo ecológico, es decir, hermando en la fraternidad.