sábado, 6 de mayo de 2017

CURACIÓN DE LOS DIEZ LEPROSOS






                                           Francesc Ramis Darder
                                           bibliayoriente.blogspot.com



La narración de Zaqueo nos hacía descubrir la misericordia de Dios convertida en perdón. El episodio de los diez leprosos nos hará conocer la misericordia de Dios convertida en curación. Casi nos atreveríamos a afirmar que los dos fragmentos son las dos caras de una misma moneda: El perdón siempre implica la curación, y la curación no es otra cosa que la experiencia de sentirse perdonado.



1. Localización del episodio en el conjunto del Evangelio.


    La curación de los diez leprosos (17, 11-19), aparece en la segunda sección del evangelio (9, 51 - 19, 28). Recordemos que este gran bloque nos cuenta los avatares del viaje de Jesús y sus discípulos desde Cafarnaum a Jerusalén.


    Durante el viaje, Jesús se preocupa muy especialmente de instruir a sus discípulos acerca de las verdades del Reino de Dios. Si comparamos esta sección con la primera (4, 14 - 9, 50), apreciaremos una notable diferencia. Durante su ministerio en Galilea Jesús realiza muchos milagros y desarrolla diversas acciones; en cambio, la predicación ocupa mucho menos espacio. A lo largo de su recorrido hacia Jerusalén se invierten los términos; la predicación y la enseñanza pasan a un primer plano, mientras que la descripción de los milagros ocupa una posición más secundaria, y que tiende -generalmente- a ilustrar algún aspecto de la predicación.


    En el camino hacia Jerusalén, como decíamos  en la introducción, Jesús deviene "Palabra". Una Palabra que prepara a los discípulos para vivir con fidelidad el tiempo de la Iglesia. La curación de los diez leprosos es, sin duda, una acción de Jesús; pero se halla enmarcada en el ámbito de la enseñanza del Señor. Dicho de otra manera: En esta narración, Jesús no muestra a sus discípulos la "técnica" de realizar un milagro, Jesús les comunica una enseñanza. Les transmite el conocimiento de que la misericordia, para ser realmente vivida, debe hacerse curación y solidaridad para con los que sufren.


    Las narraciones de los milagros de Jesús suelen tener cinco apartados: Alguna persona se encuentra enferma, acude a Jesús y le pide que le cure, el Señor le pregunta si tiene fe, el enfermo afirma su confianza en él y finalmente Jesús realiza algún gesto con el que le devuelve la salud. La curación de los leprosos no sigue con precisión este esquema. Más bien se centra en el dialogo entre Jesús y los  enfermos y concretamente con el leproso curado. Este detalle estilístico nos confirma el sentido de la narración: El Señor nos enseña que la misericordia ha de convertirse en curación, y no insiste en la pericia de realizar milagros espectaculares.


    El contexto próximo de cada fragmento del evangelio ayuda mucho a comprender el sentido de lo que estamos leyendo. La curación de los diez leprosos ocupa, prácticamente, el centro del capítulo 17. Justo antes de nuestro episodio podemos leer una enseñanza de Jesús centrada en tres puntos: La corrección fraterna y el perdón a los hermanos (3-4); el poder de la fe (5-6); y la importancia del servicio humilde (7-10). Inmediatamente después de nuestra narración aparece en fragmento describiendo dos elementos importantes: el primero es la llegada silenciosa del Reino de Dios (20-21) y, el segundo nos presenta a Jesús como el Hijo del Hombre (22-25).


    ¡ Que gran parecido presentan estas dos pequeñas secciones !. La primera nos explica las grandes actitudes cristiana: El perdón, la fe y la humildad. La segunda nos presenta a Jesús que, como Hijo del Hombre, encarna en su vida esas grandes actitudes. El milagro de la curación ocupa el centro del texto (11-19), otorgándonos de ese modo una preciosa enseñanza: La vida cristiana (3-10) es imagen de la vivencia de Jesús (20-25); y para ser auténtica, debe ser misericordia que se convierte en solidaridad y curación (11-19).   



2. Lectura del texto ( Lc 17, 11 - 19 ).


    Yendo camino de Jerusalén, atravesó Jesús por entre Samaría y Galilea. Cuando iba a entrar en un pueblo, vinieron hacia él diez leprosos que se pararon a lo lejos y le dijeron a gritos:

    - ¡ Jesús, Maestro, ten compasión de nosotros !.

    Al verlos les dijo:

    - Id a presentaros a los sacerdotes.

    Mientras iban de camino quedaron limpios. Uno de ellos, notando que estaba curado, se volvió alabando a Dios a voces, y se echó por tierra a los pies de Jesús, dándole las gracias; era un samaritano. Jesús le preguntó:

    - ¿ No han quedado limpios los diez ? Los otros nueve, ¿dónde están ? ¿ No ha habido quien vuelva para agradecérselo a Dios excepto este extranjero ?

    Y le dijo:

    - Levántate, vete; tu fe te ha salvado.



3. Elementos del texto.


a. El camino entre Samaría y Galilea: " ... atravesó Jesús por entre Samaría y Galilea ... ".


    En el mapa de Palestina del tiempo de Jesús se superponían tres provincias. Al norte estaba Galilea; la región central aparecía ocupada por Samaría y  en el sur se situaba Judea con la capital del país, Jerusalén.


    Jesús, juntamente con sus discípulos, ha emprendido un viaje hacia la Ciudad Santa. La ruta más lógica y más rápida para desplazarse, implicaba atravesar la provincia central de Samaría. Pero en aquellos tiempos  aquella  región no podía cruzarse con seguridad. Entre los judíos (habitantes de Judea) y los samaritanos (pobladores de Samaría) existía una enorme rivalidad que provocaba continuos conflictos. ¿ De dónde provenía esa rivalidad ?


    Ambos grupos profesaban religiones distintas: En Galilea y Judea se practicaba el judaísmo, mientras que en Samaría se seguían distintos cultos provenientes de antiguas religiones orientales. En la capital de Samaría existía un pequeño grupo fiel al judaísmo  -los samaritanos-, pero de tradiciones y concepciones religiosas muy cerradas, y distintas  a las de los judíos que habitaban Judea.  La diferencia en la forma religiosa procedía de una distinción racial. En el año (722 a.C.) los asirios conquistaron Samaría y se llevaron a la población deportada a remotas regiones de su imperio. Con la finalidad de no dejar aquella región despoblada, desplazaron a Samaría otras poblaciones que habitaban antes el territorio asirio.


    Además de diferencias religiosas y raciales se daban también contrastes económicos. Samaría era una zona más rica y con más proyección comercial que Judea: Carecía de desiertos y gozaba del rico caudal del río Jordán; además de estar estratégicamente situada en la red de comunicaciones. Las diferencias económicas, raciales y religiosas entre estas dos regiones habían dado lugar, en tiempos antiguos, a constantes guerras y conflictos bélicos.


    La animadversión que sentían recíprocamente judíos y samaritanos daba lugar a que Samaría no pudiera ser transitada con seguridad. Por eso al desear ir hacia Jerusalén, Jesús se vio en la necesidad de seguir una ruta bastante más larga: Bordear la frontera entre Galilea y Samaría, recorrer todo el valle del Jordán y, cruzando Jericó penetrar en Jerusalén. Un itinerario mucho más largo y accidentado que la simple línea recta entre Galilea y Judea.


b. Diez leprosos: " ... vinieron hacia él diez leprosos ... ".


    La lepra es para nosotros una enfermedad provocada por un microbio, el bacilo de Hansen; que lentamente y  va destruyendo el cuerpo. Hoy por hoy, y mediante un buen tratamiento médico, la lepra puede curarse; pero no sucedía lo mismo en el mundo antiguo. Para los hombres del siglo I y, especialmente para los hebreos, la lepra era algo más que una simple  enfermedad física: representaba una maldición de Dios sobre el individuo que la padecía.    La lepra y sus consecuencias aparecen comentadas en el libro del Levítico y en otros escritos del Antiguo Testamento. Enumeremos, brevemente, lo que significaba la lepra para la mentalidad de los hombres de la época de Cristo:


    - La lepra es, en primer lugar, una enfermedad.


      Habitualmente se daba el nombre de "lepra" a todas aquellas enfermedades que representaban un cambio en el aspecto de la piel del individuo. El libro del Levítico (Lv 13) nos describe con detalle sus diversas manifestaciones. Un síntoma común a cualquier tipo de lepra era la aparición de manchas en la piel. También podían padecer lepra las casas (Lv 14, 33-53) o los vestidos (Lv 13, 47-59). Los textos se refieren al moho que aparece en las viviendas o a la podredumbre que se produce en la ropa vieja.


    Como vemos el concepto de "lepra" utilizado en la época de Cristo englobaba enfermedades de distinta índole. Por una parte podía ser la misma enfermedad de la lepra en sí misma, tal como hoy la conocemos. Por otra parte consideraban también como lepra cualquier enfermedad que suscitara cambios en la piel; o cualquier lesión en forma de moho que apareciera en casas y vestidos.


    - La lepra era una enfermedad con horribles consecuencias para quien la padecía.


       La lepra es una enfermedad muy contagiosa. La medicina judía, de aquellos tiempos, no era preferentemente curativa sino preventiva. Tal vez, los judíos hacían suyo este aforismo: "La mejor manera de curarse de una enfermedad es no contraerla". Por tanto cuando alguien se contagiaba de la lepra era expulsado enseguida de la ciudad (Lv 13, 45 ss; Jb 2, 7 s). Vivía con otros leprosos -lo que propiciaba el contagio real de la lepra para todos aquellos que padecían una enfermedad distinta. Se le expulsaba de la práctica del culto, la familia prescindía de él completamente, y  quedaba excluido de cualquier ámbito de relación con los demás.


    Notemos que los leprosos de nuestra narración permanecen distanciados de Jesús " ... se pararon a lo lejos y le dijeron a gritos ... ". Estos hombres observan las prescripciones legales y se mantienen alejados del contacto con la gente sana.


    - La lepra era una enfermedad con fuentes connotaciones religiosas.


      La dureza y la crueldad con que la lepra se cebaba en las personas, llevó a que fuera considerada como un castigo divino. María  -la hermana de Moisés- critica el comportamiento de su hermano; y, como castigo a sus palabras, contrae la lepra. Más tarde, Moisés implora a Dios el perdón para su hermana y la enfermedad desaparece de su cuerpo (Nm 12, 9 - 16). Considerar la lepra como un castigo de Dios suponía para los leprosos una doble  y dramática consecuencia:


    * Pensaban que era Dios quien les había castigo con aquella enfermedad, debido a algún pecado que ellos -o sus antepasados- habían cometido.

    * Al padecer la lepra estaban excluidos de toda relación con los demás judíos. No podían acercarse al Templo para pedir perdón al Señor, ni entrar en una sinagoga para rezar con sus hermanos.


    La vida de un leproso estaba encerrada en un círculo vicioso muy cruel: Por una parte se sentía castigado por Dios por alguna falta cometida y, a causa de estar excluido de la relación con Dios no podía acudir al Templo para implorar el perdón del Señor. Su vida era un sufrimiento sin salida y sin cambio posible.


     A causa de la connotación religiosa de la lepra, el sacerdote era el encargado de determinar cuando un leproso estaba curado. En el momento en que un enfermo se daba cuenta que las manchas de su piel habían desaparecido, se presentaba ante el sacerdote para que este confirmara la desaparición de la enfermedad. Observemos, en nuestro texto, que Jesús manda a los leprosos al sacerdote.


    - La única esperanza de curación que podía abrigar un leproso era la pronta llegada del Mesías.


   La lepra era mucho más que una enfermedad física. Su causa profunda radicaba en el castigo divino, un sufrimiento del que sólo el mismo Dios podía liberar.    Los leprosos esperaban la llegada del Mesías y confiaban en que él acabaría con la cruel dolencia. La gente pensaba que el tiempo de la llegada del Mesías se caracterizaría por la desaparición de la lepra. Recordemos, en este sentido, las palabras de Jesús a los discípulos de Juan el Bautista: " ... los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos quedan limpios ... " (7, 22).



C. Relación de los leprosos con Jesús.


    Los leprosos se sitúan lejos de Jesús y le piden a gritos su ayuda. Jesús aparece ante ellos como un "maestro" al que le piden "compasión": " ¡ Jesús, Maestro, ten compasión de nosotros ! " (8, 24). Describamos, sucintamente, el significado de cada una de las dos palabras con que los leprosos se dirigen a Jesús:


- Maestro.

    La palabra "maestro" presenta una significación especial en el tercer evangelio. Es un término propio del Evangelio de Lucas. La utiliza Pedro, en el relato de la pesca milagrosa, cuando ha de dirigirse a Jesús: " Maestro lo hemos intentado durante toda la noche y no hemos cogido  nada; pero, ya que tu lo dices, lanzaré de nuevo  las redes " (5, 5).


    La palabra significa literalmente "líder" o "maestro", en el sentido de aquel que sabe muchas cosas y se halla por encima de los demás; aquel que ha demostrado un gran capacidad en la vida y puede estar por delante de los otros conduciéndolos. Jesús para mucha gente de Palestina tendría este semblante: un modelo de comportamiento moral, alguien que había reunido un buen grupo de discípulos, presentaba un mensaje interesante y tenía cierta fama de milagrero. En definitiva un buen "líder" que presenta un mensaje novedoso.  Durante los años del siglo I Palestina estaba llena de personajes que se presentaban como "líderes", capaces de hacer prodigios y realizar curaciones. Los leprosos ven en Jesús la imagen de alguno de estos líderes; tal vez, capaz de arrancarles la lepra y devolverles a la vida normal de cualquier judío de su tiempo.


- Compasión.


    Las voces "misericordia" y "compasión" tienen un significado muy semejante, pero no son del todo idénticas. Recordemos el significado del término "misericordia": " la capacidad de entregar algo de mí mismo a la pobreza del corazón de mi hermano ". La palabra "compasión", se compone de la suma de dos palabras "con" y "pasión" y significa: "sufrir con otro", " tener como mía la pasión, el sufrimiento, de mi hermano ".


    La diferencia entre estas dos palabras tan semejantes es difícil de precisar; pero una y otra, denotan matices distintos. La palabra "compasión" designa, más bien, el hecho de conmoverse o de enternecerse ante el sufrimiento ajeno. El término "compasión" se mueve, de manera preferente, en el ámbito de los sentimientos. La palabra "misericordia" además de contener el sentimiento de "conmoverse" ante la desgracia ajena, implica una acción que permita la humanización de la  persona que sufre. El vocablo "misericordia" añade un matiz a la "compasión"; no se limita a conmoverse profundamente; sino que proyecta una acción decidida en favor del hermano que sufre.


    Los leprosos piden a Jesús compasión. Piden a Jesús que se conmueva, que tenga un sentimiento de pena ante su padecimiento. Tal vez, aquel maestro que pasaba -si se conmovía ante los leprosos- les echara unas monedas o les lanzara algo de comida con la que poder subsistir algún tiempo más. No esperan de él una acción, la misericordia, que pudiera cambiar sus vidas para siempre.  Los leprosos tienen una visión muy lejana de Jesús. Le contemplan como a un lider más entre tantos como había en Palestina. No esperan que transforme sus vidas, tan sólo alguna limosna con que sobrevivir.


    Muchas veces, en nuestra vida cristiana, tenemos una percepción lejana de Jesús. Le admiramos como a un gran maestro o un lider extraordinario. En ocasiones  comprendemos el Evangelio tan sólo como una excelente doctrina moral. Pero, casi siempre, nos quedamos lejos de ver a Jesús de cerca; de contemplarlo como el único Señor capaz de trasformar de raíz  el corazón de nuestra existencia.



d. Reacción de Jesús para con los leprosos.


    Jesús les manda a los sacerdotes " Id a presentaros a los sacerdotes ". Como decíamos antes la lepra no era únicamente una enfermedad física, implicaba también una concepción religiosa. Un leproso pensaba para sí mismo, que su enfermedad era el castigo por algún pecado cometido; tal vez una falta realizada inadvertidamente.


    El sacerdote era el que decidía si la enfermedad había desaparecido o si aun permanecía. Examinaba la piel del enfermo y observaba si se producía en ella alguna de las manifestaciones descritas en el libro del Levítico, como eran las manchas oscuras. Alguna vez la lepra era sólo aparente, y en realidad se debía a ciertas enfermedades cutáneas, distintas de  la lepra conocida por nosotros hoy. El sacerdote al testificar la curación del enfermo, lo readmitía al culto del Templo. El enfermo ya restablecido se incorporaba plenamente a la vida cotidiana del resto de los judíos.


    Los leprosos obedecen la orden de Jesús y se dirigen donde los sacerdotes. Pero " mientras iban de camino quedaron limpios ". Obedeciendo  el consejo de Jesús y  dirigiéndose a los sacerdotes la lepra ha desaparecido de sus carnes.


    Observemos que el texto no nos describe con precisión las características del milagro.  Recordemos que estamos en la sección central del Evangelio. Durante esta etapa Jesús va dando enseñanzas a sus discípulos. El texto no nos cuenta principalmente hechos de Jesús, sino que tiende a comentarnos enseñanzas de Jesús. Nuestro fragmento no nos explica como se hace un milagro, pretende enseñarnos que es un milagro y, sobretodo, quien es este Jesús capaz de realizar acciones que curan.



f. Reacción de los leprosos.


    Los diez leprosos, por el camino, se dan cuenta de que han sido "purificados" de su dolencia. Obedecer la indicación de Jesús les ha purificado. En aquellos diez hombres tiene lugar una doble reacción. Notemos que de los diez leprosos, nueve siguen su camino hacia el encuentro con los sacerdotes. Sólamente uno de ellos regresa donde Jesús para darle las gracias. Analicemos cada una de estas dos actitudes y su reacción ante el prodigio obrado por Jesús.


- El grupo de los nueve leprosos.


    Nueve de los diez leprosos se dirigen hacia Jerusalén para presentarse ante el sacerdote, a fin de que sea constatada su purificación y se reincorporen a la vida judía con normalidad. Se han dado cuenta de que han sido "purificados". Es decir, han descubierto un mínimo en su vida, la posibilidad de volver a la situación en que se encontraban antes de contraer la lepra.


    Fijémonos la utilización en el texto de la palabra "purificar" o "quedar limpio" para referirse a la curación de estos hombres. La purificación, el quedar limpio, supone un cambio externo en la persona; en este caso concreto la desaparición de las manchas oscuras en la piel. No implica un cambio sustancial y profundo en la vida de nadie.


    Estos hombres han percibido que las manchas de su piel han desaparecido. Ya pueden incorporarse de nuevo a su vida cotidiana de antes. Esta curación no implica ninguna novedad radical en su vida anterior, simplemente les permite incorporarse a la vida normal del judaísmo. No debemos pensar que este cambio en los enfermos sea algo de poca monta, es algo muy importante en sus vidas; pero para la "Buena Nueva" del Evangelio no es un cambio suficiente.


    Los nueve leprosos "purificados" han visto en Jesús a un gran lider y a un buen maestro, con dotes de mando y conocimientos médicos. Pero no han descubierto en él al Señor, al único capaz de transformar radicalmente su existencia.


- El leproso que vuelve a dar las gracias a Jesús.


    " Uno de ellos notando que estaba curado, se volvió alabando a Dios ... ". Apreciemos las diferencias de vocabulario propuestas por la narración. Cuando se refiere  al grupo de nueve leprosos afirma que han sido "purificados"; sin embargo cuando describe al leproso que regresa sostiene que ha sido "curado".


    Ambos verbos son de significación semejante, pero presentan matices muy diversos. La acción de "purificar" indica un cambio externo, como puede ser el producido por la limpieza exterior. La voz "curar" denota una acción más profunda. La purificación afecta solo a lo periférico; la curación trasformando en profundidad el interior, provoca un cambio en el aspecto externo de quien ha sido curado.


    El AT nos comenta que la capacidad de "purificar" era atributo de los hombres, concretamente era la misión de los sacerdotes (Lv 14). En cambio la acción de "curar" era una actividad propia de Dios. Para el AT, Yahvé es el único capaz de curar verdaderamente " Si escuchas la voz de Yahvé, tu Dios ... no traeré sobre ti ninguna de las plagas que envié a los egipcios; porque yo soy Yahvé, el que te cura" (Ex 15, 26). Los hebreos admitían una relación muy próxima entre la enfermedad y el pecado. La curación se convierte así en un símbolo del perdón de Dios, de su misericordia y de su cercanía a la realidad humana (Is 6, 10; Sal 30, 3; 41, 5; 103, 3).


    Este hombre no se ha limitado a contemplar a Jesús como a un lider o un maestro capaz de "purificar" de la lepra externa. Ha descubierto en Jesús al "Señor" que "cura"; aquel capaz de transformar la vida radicalmente desde dentro.



g. Reacción del leproso curado.


    El leproso que percibe su curación vuelve de nuevo hacia Jesús. El texto nos describe concisamente la reacción de este hombre, analicémosla:


- " ... se volvió alabando a  Dios a voces ...".


     Este hombre no aprecia en la acción de Jesús el prodigio fantástico de un lider carismático. Contempla en la acción de Jesús la obra de Dios sobre su propia vida. En el AT, Dios era el que curaba; Jesús es la presencia de Dios entre los hombres, por eso él hace lo mismo que hacía Yahvé en el AT: "curar".  A los leprosos no les quedaba otra esperanza sino creer que la llegada del Mesías, al final de los tiempos, acabaría con esta enfermedad. Jesús hace desaparecer la lepra, con él ha llegado a Israel el Mesías anhelado.


- " ... se echó por tierra a los pies de Jesús ... ".


    Echarse por tierra, prosternarse, es la actitud de los creyentes del AT ante la divinidad. Los profetas y los reyes se inclinan ante la magnificencia divina, adorando  la presencia de Dios. El leproso descubre ante Jesús la manifestación de Dios, por eso se postra en sentido de adoración.


- " ... dándole gracias ".


    Dar las gracias a alguien es reconocerle todo el bien que nos ha hecho. Recordemos el salmo " ¿ Cómo podré dar gracias al Señor por todo el bien que me ha hecho ? " (Sal 18). El leproso agradece la "curación" que Dios ha obrado en su vida por medio de Jesús. El cambio profundo del leproso no es la desaparición de la lepra. El cambio profundo radica en haber encontrado en Jesús al único Señor.



h. Características del leproso curado.


    El Evangelio nos dice: " era un samaritano ". Tal vez, este hombre, por su procedencia no conociera bien el judaísmo. Por el hecho de ser samaritano era el que menos posibilidades tenía de poder captar en profundidad la esencia personal de Jesús. En cambio, sólo él lo descubre como el salvador que ha trasformado su existencia.


    Respecto de los otros nueve, el texto no nos dice que fueran samaritanos; pero afirma que sólo el curado era extranjero. Podemos concluir que los otros nueve serían galileos y por tanto de religión judía. Conocerían mejor el judaísmo y habrían oído decir que la desaparición de la lepra significaría la llegada del Mesías. Pero no son capaces de descubrir en Jesús de Nazaret a nadie más que a un hábil curandero de Galilea.



i. Respuesta de Jesús.


    Jesús presenta una doble respuesta: Una dirigida hacia los nueve leprosos que no ha vuelto y otra referida al enfermo que ha regresado.

* Jesús se admira de que haya sido un extranjero samaritano el que ha regresado. El que menos posibilidades tenía de reconocer a Jesús como su Señor es el único que lo ha descubierto.

* Jesús le dice al leproso que le ha dado las gracias: "Levántate,  vete; tu fe te ha salvado ". Esta frase aparece muchas veces al final de los milagros de Jesús. Recordemos, por ejemplo, el milagro de la mujer hemorroísa; después de curarla Jesús le dice: " Hija, tu fe te ha salvado; vete en paz " (8, 48).


    Démonos cuenta que Jesús no dice al leproso: tu fe te ha "purificado"; ni siquiera, tu fe te ha "curado". Jesús dice mucho más: tu fe te ha "salvado".  La fe indica  -en una primera aproximación- la confianza que se pone en Dios. La fe implica plantearse la vida desde la certeza de que estamos en las manos buenas de Dios. Eso es la fe, la confianza y la certeza de que Jesús sostiene nuestra vida y, a partir de esa convicción, nuestra vida deviene misericordia para con el prójimo.  La salvación no es una simple curación material. Es la liberación de algún peligro que amenaza la radicalidad de nuestra vida. El pecado es lo que amenaza a la totalidad del hombre. La salvación de Jesús nos libera del pecado, de aquello que nos impide descubrir y creer en la certeza del Reino de Dios.



4. Síntesis final.


    El milagro de los diez leprosos nos ha presentado la misericordia de Jesús convertida en curación. Esta narración es muy adecuada para explicarnos  tres cosas: La naturaleza de los milagros, el verdadero discipulado cristiano y, la naturaleza de la fe.


    El verdadero milagro no consiste en la desaparición de la lepra. Para nueve leprosos ha habido una simple purificación de la lepra, pero sólamente para uno de ellos se ha producido un milagro. Este leproso mediante el hecho de la desaparición de la lepra, ha descubierto el "signo" de la presencia del Dios liberador: Este es el verdadero milagro.


    El núcleo de la vida cristiana estriba en el encuentro personal con Jesús. Durante la pasión, Pilato preguntó a Jesús: " ¿ Qué es la verdad ? " (Ju 18, 38). Jesús no responde a esta pregunta porque la verdad cristiana no es un "qué", es un "quién". Jesús es "quién" es el "camino, la verdad y la vida" (cf. Ju 14, 6).


    A veces los cristianos consideramos a Jesús como a un buen maestro o un excelente líder y le admiramos por su doctrina. El cristiano no es el seguidor de ninguna doctrina, ni de ningún libro ni de ningún "que". Los cristianos seguimos a "alguien" vivo entre nosotros. Si nos falta el encuentro personal con Jesús, habremos conocido una excelente moral, pero nos faltará lo más esencial: La amistad íntima con el Dios que nos ama.


    La fe es la capacidad de contemplar nuestra vida y el devenir del mundo con los ojos de Dios. Para un creyente cualquier cosa que le sucede en la vida es un milagro, un signo de la presencia cercana de Dios. Acostumbrémonos a ver nuestra vida desde la mirada tierna de Dios y desde la certeza de estar en sus manos. Entre los cristianos, esta ha de ser la única visión de la vida: La lectura creyente de la realidad.


viernes, 28 de abril de 2017

¿QUIÉN ES ZAQUEO?


                                                             Francesc Ramis Darder
                                                             bibliayoriente.blogspot.com



    El evangelio de Lucas tiene por objetivo comunicarnos la liberación que Jesús ha venido a otorgarnos a todos. Jesús es el Señor que libera, pero esa salvación que el Señor nos concede la realiza desde la misericordia.


    Recordemos que la misericordia no es un simple sentimiento; consiste en una virtud muy importante: dar algo de mi mismo a la pobreza del corazón de mi hermano. En la narración que vamos a leer observaremos el corazón pobre de Zaqueo. Un corazón falto de perdón y comprensión. Jesús ejerce con el duro cobrador de impuestos el difícil arte de la ternura. La misericordia de Jesús se transforma en perdón y devuelve a la vida de Zaqueo la humanidad perdida.

 

1. Situación de la narración en el conjunto del Evangelio.


    El fragmento que nos cuenta la historia de Zaqueo (19, 1-10) se halla ubicado en la sección  central del evangelio: el viaje de Jesús con sus discípulos desde Galilea hasta Jerusalén (9, 51 - 19, 27). Durante toda esta larga sección, Jesús dedica la mayor parte de su tiempo a instruir a los discípulos. De alguna manera Jesús deviene "Palabra" dispuesta a preparar  a sus amigos para vivir el tiempo de la Iglesia.  Jesús enseñará a los discípulos que la verdadera misericordia pasa siempre por el perdón.


    Notemos un segundo detalle, especialmente importante, en cuanto a la posición del texto. La narración de Zaqueo se halla, prácticamente, al final de la sección del viaje a Jerusalén y justo antes del inicio de los relatos concernientes a la pasión del Señor.


    Al final de su largo viaje Jesús enseñará a sus discípulos a convertir la misericordia en perdón. Al  final de su vida, en el dolor de la Cruz, Jesús también convertirá la misericordia en perdón: " Padre, perdónales, porque no saben lo que  hacen " (23, 34). Al final de su viaje y al término de su vida, Jesús nos enseña la virtud de saber perdonar. ¿ No será que la capacidad de perdonar es la mejor manifestación de la auténtica misericordia ?.


    El Nuevo Testamento lleva siempre a su plenitud algún aspecto del Antiguo Testamento. Este episodio presenta similitudes y diferencias con otro muy importante del la Antigua Alianza: La entrada de Josué en la Tierra Prometida conquistando la ciudad de Jericó (Jos 6).


    El pueblo de Israel guiado por Moisés había emprendido un largo periplo desde Egipto hacia la Tierra de Promisión. Josué llega a la ciudad de Jericó, y por la fuerza de las armas toma aquella villa. La conquista le permite entrar en Tierra Santa y tomar posesión del país que Dios había otorgado a sus antepasados. Antes de tomar la ciudad, Josué se encuentra con una mujer marginada: Rahab. Esta le ofrece una hábil estrategia para tomar fácilmente la ciudad sin necesidad de perder ningún guerrero en el combate. Una vez que ha conquistado Jericó, y como acto de gratitud, Josué ejerce la misericordia con aquella mujer y con su familia permitiéndoles seguir con vida (Jos 6, 22-23).


    Jesús guiando a sus discípulos, emprende también un viaje desde Cafarnaum a Jerusalén. Jesús llega a Jericó y conquista aquella ciudad representada por Zaqueo. No lo hace con el poder militar, sino con la fuerza de la misericordia convertida en perdón. Desde Jericó, el Señor se dirige a tomar la Ciudad Santa; pero no lo hará con el poder de las armas sino desde la debilidad de la Cruz. También, en Jericó, ejerce el Señor la misericordia con alguien marginado: el cobrador de impuestos.


    Apreciemos la importancia que tiene la situación de un fragmento en el conjunto del evangelio. La simple posición de este texto nos enseña tres cosas: Jesús se hace "Palabra" enseñándonos el perdón; prepara la actitud del creyente ante las adversidades de la vida representadas por la pasión; y, finalmente, nos indica la culminación y superación del Antiguo Testamento en el Nuevo.



2. Lectura del texto (19, 1-10).


    Entró Jesús en Jericó y comenzó a atravesar la ciudad. En esto un hombre llamado Zaqueo, que era jefe de recaudadores y muy rico, trataba de distinguir quién era Jesús, pero la gente se lo impedía, porque era bajo de estatura. Para verlo se adelantó corriendo y se subió a una higuera, porque tenía que pasar por allí. Al llegar a aquel sitio, levantó Jesús la vista y le dijo:

    - Zaqueo, baja enseguida, que hoy tengo que alojarme en tu casa.

    El bajó en seguida y lo recibió muy contento. Al ver aquello murmuraban todos:

    - ¡ Ha entrado a hospedarse en casa de un pecador !.

    Zaqueo se puso en pie y le dijo al Señor:

    - Mira, la mitad de mis bienes, Señor, se la doy a los pobres, y si a alguien le he sacado dinero, se lo restituiré cuatro veces.

    Jesús le contestó:

    - Hoy ha llegado la salvación a esta casa, pues también él es hijo de Abraham. Porque el Hijo del Hombre ha venido a buscar lo que estaba perdido y a salvarlo.



3. Elementos del texto.


a. Jericó.


    La ciudad de Jericó era un núcleo urbano importante, situado de manera estratégica entre las regiones de Judea y Perea. Al ser zona fronteriza disponía de un servicio de aduanas y de una guarnición militar relativamente grande. También era zona de intercambios comerciales al confluir en ella un nudo de comunicaciones significativo. El rey Herodes construyó al lado de la ciudad antigua una ciudad nueva y la dotó de palacios y termas.


     La situación comercial, fronteriza, aduanera y militar, otorgaban a la ciudad un ambiente cosmopolita un tanto alejado del cumplimiento estricto de la leyes judías referentes a la moral. La presencia de soldados, comerciantes y numerosos viajeros; hacían que la ciudad fuera en cierta medida una urbe con muchos lugares de diversión.  Desde una perspectiva histórica la ciudad había gozado de un gran prestigio. Recordemos que es una de las ciudades más antiguas que se conocen; y el AT le concede un gran papel (Jos 6-7).


b. Zaqueo.


   La palabra Zaqueo es un disminutivo de Zacarías, nombre que significa probablemente: " El Señor se acuerda de nosotros ". En nuestra narración, la palabra Zaqueo es un disminutivo de Zacarías. El nombre es un disminutivo popular, indica -por tanto- que la persona era muy conocida, y era posible identificarla con un apodo.


    Su profesión consiste en cobrar los impuestos. En la época de Jesús las contribuciones gravaban muy duramente al pueblo judío. El sistema impositivo era muy intenso  y, capilarmente, llegaba a todos los estratos de la población. Cobraban impuestos los romanos, pero también los cobraba el rey Herodes, y había que pagar -además- un pequeño diezmo al Templo.


     El impuesto realmente duro y gravoso era el impuesto cobrado por los romanos. El cobro se realizaba, a veces, de forma violenta y mediante la extorsión y el abuso. Generalmente se exigía mucho más de lo que una persona podía pagar; lo que implicaba el empobrecimiento progresivo de la población; y en algunas ocasiones la reducción a la esclavitud de los deudores insolventes.


    Zaqueo era  muy rico. Cobrar impuestos permitía realizar cualquier arbitrariedad, lo que repercutía en el rápido enriquecimiento del cobrador. El hecho de ser recaudador implicaba que Zaqueo fuera mal visto y, a la vez, muy temido por las gentes. Seguramente, el ejercicio de su profesión habría dado lugar a que cometiera  algunas injusticias ; como hacían habitualmente los recaudadores de entonces.


    Era pequeño de estatura, la gente no le permite ver pasar a Jesús. Tal vez fuera una persona dada a protagonizar gestos curiosos, observemos lo que nos dice el texto: corre entre la gente y se sube a un sicomoro. Nos da la impresión de un personaje pintoresco: Pequeño, le conocen mediante un mote, la gente le teme, se ha enriquecido a costa de los demás, es un colaboracionista del dominio romano.  El hecho de ejercer la profesión de recaudador de impuestos implicaba que estuviera excluido de la vida religiosa del resto de los judíos. Los cobradores eran un tipo de gente despreciada, pero también muy temida a causa de  su dinero y su poder coercitivo.


    Jesús llevaba bastante tiempo predicando, era ya un personaje famoso que estaba a punto de cruzar Jericó de paso hacia Jerusalén. Entonces Zaqueo intenta ver  a Jesús. Entre la multitud abigarrada quiere ver quien es aquel personaje, tan famoso, que cruza la ciudad.


    Zaqueo intentaba ver a Jesús, pero no podía. Su pequeña estatura  y la muchedumbre de gente que se agolpaba en torno  se lo impedía. La gente no solamente le impedía ver a Jesús físicamente, se lo imposibilitaba también moralmente: Zaqueo era un cobrador de impuestos, pequeño, excluido de las prácticas religiosas judías, motejado; quizás, no amado por nadie pero sí temido por todos.


    Esta ideas de la gente respecto de su persona, ciertamente habrían influido en su manera de pensar y de percibir su existencia. La vida de Zaqueo ya estaba modelada; él se enriquecía cobrando impuestos y sus conciudadanos le temían y odiaban: No era posible cambiar nada. La salvación, la misericordia, la persona de Jesús, pasa al lado de él; pero nada ni nadie  -según su forma de pensar-  puede hacer nada por su vida. La suerte de su vida está echada para siempre; su modo de vida le ha empequeñecido y el desprecio de los demás le impide detectar un futuro distinto.


c. La gente.


    La gente le impedía ver a Jesús. La gente no significa sólo un grupo de personas; también significa lo que piensa la gente. La opinión de las personas respecto de Zaqueo hace imposible que aquel hombre vea a su salvador.    Cuando Jesús se ha alojado en casa de Zaqueo, la gente murmura. Critican duramente la decisión de Jesús: " ¡ Ha ido a hospedarse a casa de un pecador ! ". Zaqueo es un pecador. ¡ Que palabra más dura !: Un hombre perverso  que ha roto sus relaciones con Dios. Un hombre impuro, uno que no tiene derecho a cambiar de vida, ni a liberarse. Una persona a la que no se permite sentirse bien junto a Dios ni contemplar el rostro de Jesús.


    La opinión de la gente hace de Zaqueo un hombre pequeño para siempre. La muchedumbre traba al cobrador de impuestos su contacto con Jesús. Todos somos hijos de Dios pero, a veces, lo que de nosotros se piensa y se opina nos disminuye; sobre todo si nadie nunca nos ha valorado en aquello que realmente somos.


d. Jesús.


    Jesús cruzaba la ciudad en dirección a la Ciudad Santa, en la que iban a tener lugar los acontecimientos del Domingo de Ramos. Jesús llega a Jericó con fama de salvador por eso le rodea una multitud de curiosos. Pero la única persona en la que el Señor fija su atención es en Zaqueo. La forma de vida de Zaqueo con relación a su pueblo era injustificable. En cambio Jesús es a la única persona que mira.


    Jesús tiene con Zaqueo una actitud caracterizada por dos verbos: Se fija en él "levantando los ojos" y le "habla", verbos muy sencillos y a la vez muy  profundos:


   - Levantar la vista: " ... levantó Jesús la vista ... "


     Recordemos el caso de Jesús cuando levanta los ojos al cielo y el evangelio nos dice: " Jesús tomó los cinco panes y los dos peces, alzando los ojos al cielo, los bendijo, los partió y los dio a los discípulos para que sirvieran a la gente " (Lc 9, 16). El fragmento se encuentra en la multiplicación de los panes.


     El verbo significa mirar en profundidad, mirar con la intención de hacer el bien, con la intención de ejercer la misericordia. El mismo verbo ha sido utilizado en el fragmento anterior del evangelio (18, 35-43) con la intención de devolver la vista a un ciego. Mirar en profundidad no es ver detalladamente la realidad; es mirarla con el deseo de transformarla desde la misericordia y la ternura.


    - Decir: " ... y le dijo ... ".


      Este verbo no significa, simplemente, el hecho de pronunciar sonidos con los labios. Su acepción más genuina es la de "comunicar" algo que tiene una fuerte repercusión en la vida de quien lo escucha. Para aclarar el sentido del  término hagamos una breve referencia al AT.


    El pueblo de Israel padece en Babilonia la dureza de un duro exilio. El pueblo clama al Señor y le pide ayuda. Entonces Dios, mediante un profeta, le dirige su palabra de sosiego: " Consolad, consolad a mi pueblo, dice vuestro Dios; hablad al corazón de Jerusalén, gritadle: que se ha cumplido su servicio ... " (Is 40, 1).


    El "decir" de Dios a su pueblo no se limita a pronunciar palabras. Comunica el consuelo a Israel y le anuncia la pronta liberación. El "decir" de Dios cambiará radicalmente la vida de los exiliados. Cuando Dios habla se revela. La voz de Jesús a Zaqueo es la revelación de Dios; y su mirada es la transmisión de su misericordia.


    Jesús le dice: " ... baja en seguida, que hoy tengo que alojarme en tu casa ". Observemos que Jesús no le recrimina nada a Zaqueo de su vida pasada; y objetivamente -al ser cobrador de impuestos- habría muchas cosas que reprobar. Convengamos que es bastante lógica la reacción de la gente ante la actitud de Jesús: Zaqueo era un pecador y, en general, mal visto por los judíos.


    Hay un detalle en el texto que no debe pasarnos por alto. Jesús dice a Zaqueo: " ... hoy tengo que alojarme en tu casa... ". Esta expresión tan sencilla " ... tengo que ... " la utiliza Jesús en algunos momentos cruciales de su vida:


      Cuando Jesús se ha perdido en el Templo y sus padres le encuentran entre los doctores, el les dice: " ¿ No sabíais que yo tenía que estar en la casa de mi Padre ? " (2, 49). Más adelante dirá: " También a los otros pueblos tengo que anunciarles el Reino de Dios; para eso me han enviado " (4, 44). Comenta a los discípulos: " El Hijo del Hombre tiene que padecer mucho, tiene que ser rechazado por los senadores ... " (9, 22); " ... tengo que seguir mi viaje, porque no cabe que un profeta muera fuera de Jerusalén " (13, 33); " ... porque os digo que tiene que cumplirse en mí lo que está escrito ... " (22, 37); etc.


    La vida de Jesús no es fruto de la improvisación ni resultado de la casualidad. La vida de Jesús responde a un proyecto: " El Espíritu del Señor está sobre mí, porque él me ha ungido para que dé la buena nueva a los pobres " (4, 18). La vida de Jesús da plenitud al proyecto de Dios en favor de los hombres: " ... todo lo escrito en la Ley de Moisés y en los Profetas y Salmos acerca de mí tenía que cumplirse " (22, 44). Por eso El Señor " ... tiene que ... " hospedarse en casa de Zaqueo, porque él es la liberación de Dios entre los hombres. Nunca nadie se ha preocupado de que Zaqueo fuera humanizado, por eso es necesario que Jesús mismo emprenda esta tarea.


    Zaqueo obedece a Jesús y hace exactamente lo que él le ha dicho. Por el contrario la multitud se siente sorprendida y molesta con el gesto de Jesús: no pueden entender la razón que lleva a Jesús a hospedarse en casa de un pecador. Zaqueo adquiere ante Jesús una doble actitud:


    - Está de pie: " Zaqueo se puso en pie ... ".


      Estar en pie ante alguien es el verbo que expresa la dignidad humana. La mirada de Jesús y sus palabras han devuelto la dignidad personal a Zaqueo. Antes, el texto, nos lo había presentado como un personaje de baja estatura a quien la gente impedía ver el paso de Jesús. La mirada  y la palabra de Jesús, le ha devuelto la dignidad de saberse alguien ante los demás y ante sí mismo.


      Recuperar la dignidad, ponerse de pie; es una metáfora del perdón. Cuando recibimos el perdón recuperamos y aceptamos nuestra auténtica humanidad. Sólamente el perdón libera. Unicamente el perdón, a pesar de nuestras bajezas, nos permite estar de pie ante el Señor y ante los hermanos.


    - Jesús es el Señor: " ... y dirigiéndose al Señor le dijo ...".


     Cuando Zaqueo subió  al sicómoro, quizá, solo pretendía ver a un personaje famoso, buen orador y con fama de milagrero. Pero ese personaje le ha hablado y le ha mirado; y con estas acciones le ha devuelto su dignidad de persona. Zaqueo ha sido perdonado.


     Después de este encuentro personal y trascendental en su vida, Jesús ya no puede ser -simplemente- un personaje famoso e interesante. A partir de ahora Jesús es el Señor. El que ha cambiado para siempre su corazón. Zaqueo ya no servirá más a los pequeños "señores" a quienes daba culto: el dios del miedo que infundía a sus vecinos, y el dios de la soledad y el aislamiento con el que le pagaban las gentes. Zaqueo ha llegado a la fe, ha descubierto a Jesús como el único Señor de su vida.



e. La conversión.


    Unicamente quien ha recibido el perdón es capaz de convertirse. Habitualmente nuestra mentalidad es distinta. Cuando nuestra vida se desenvuelve en el mal, pensamos que lo primero que hay que hacer es un esfuerzo personal por convertirnos. Creemos que cuando nos hayamos vuelto buenos a causa de nuestro esfuerzo, entonces Dios nos perdonará.    Los ojos humanos contemplan este proceso: Pecado, conversión, perdón. Pero los ojos de Dios siguen un proceso distinto: pecado, perdón, conversión. Observemos este camino en la narración de Zaqueo.


    Zaqueo es , ciertamente, un pecador. Pero, es Jesús quien primero le mira y le habla. Son los ojos y la voz de Jesús los que devuelven la dignidad a Zaqueo. Al haber oído la palabra de Jesús y haber percibido su mirada, Zaqueo se pone de pie y le reconoce como Señor. La misericordia de Jesús, transmutada en perdón, ha puesto de pie a Zaqueo. El recaudador de impuestos ha aceptado la mirada del Señor, ha sido perdonado; ahora ya puede convertirse.


    ¿ Que significa convertirse ?. Convertirse es transformar en obras de misericordia el perdón que -gratuitamente- hemos recibido de Dios. Zaqueo se convierte: comienza a traducir en misericordia el perdón significado en la mirada y en la palabra de Jesús:


    - " La mitad de mis bienes, Señor, se la doy a los pobres ... ".


    En tiempos de Jesús un grupo religioso importante era el de los fariseos. Se caracterizaban por cumplir la Ley de una manera muy estricta. Esta conversión, dar la mitad a los pobres, sería un cambio muy pequeño, simplemente pasaría de ser un publicano a ser un fariseo. Cuando uno había robado alguna cosa, la Ley mandaba devolver el doble de la cantidad robada. Un fariseo se limitaría a observar esta prescripción, y devolvería el doble de lo robado. Si Zaqueo actuara así se limitaría a cumplir simplemente las normas de honradez, pero él va mucho más lejos ...


    - " ... y si a alguien le he sacado dinero, se lo restituiré cuatro veces más ".


   Zaqueo muestra una gran generosidad. Su restitución se adecua a las prescripciones más exigentes de la Ley: (Ex 21, 37) " Cuando un hombre roba un buey o una oveja y los mata o los vende, debe restituir cinco bueyes por cada buey y cuatro ovejas por cada oveja ". (Lv 5, 21-24) " lo que se ha robado debe devolverse con un recargo de una quinta parte de más ". Zaqueo devuelve mucho más de lo que la Biblia prescribe. Quien ha recibido generosamente el perdón de Dios no pone límites al ejercicio de la misericordia. Entrega a la pobreza del corazón de su hermano mucho más de lo prescrito por los normas.


f. El final de nuestra historia.


    ¿ Por qué ha perdonado Jesús a Zaqueo ?. Escuchemos en la cálida voz del texto las palabras del Señor:  " ... pues también él es hijo de Abraham ". Por el mero hecho de ser persona humana (hijo de Abraham) Zaqueo tiene capacidad de percibir la misericordia de Dios. Los hombres, simplemente en razón de nuestra propia humanidad, tenemos la dignidad plena para estar de pie ante Dios y recibir de él su perdón y su misericordia.


    " Hoy ha llegado la salvación a esta casa ...": Nuestra liberación consisten en aceptar la mirada y la voz que Dios nos dirige. La aceptación de la mirada de Dios nos otorga el perdón; y una vez perdonados podemos convertirnos y vivir en el amor. ¿ Cuántas veces nuestra pequeñez y la opinión de la gente que nos rodea, nos impiden dejarnos mirar por Jesús ?.


    La última línea de la narración es especialmente significativa: " Porque el Hijo del Hombre ha venido a buscar lo que estaba perdido y a salvarlo ". La finalidad de la acción de Jesús no es otra que la de liberar al oprimido por cualquier causa. Estas palabras nos traen el eco de otros fragmentos del evangelio, pero vamos a fijarnos sólo en un elemento: El Hijo del Hombre.


    En tiempos de Jesús la gente esperaba ansiosamente la llegada de un salvador. Todo el mundo deseaba la llegada de alguien que desde el poder y con una apariencia deslumbrante trajera al mundo un tiempo de felicidad y de paz. Jesús es el Señor que aporta a todos la liberación esperada. Pero no nos la trae desde la apariencia deslumbrante, ni mediante una gran capacidad económica, ni tampoco a través de un poder apabullante.


    Jesús nos trae la liberación esperada, pero actúa de un modo completamente diverso al deseado por los hombres. Jesús libera mediante la actitud de servicio, la vida compartida y la existencia humilde. El AT cuando se refiere a un personaje caracterizado por estas actitudes (compartir, servir y ser humilde), le denomina Hijo del Hombre; por eso Jesús es el Hijo del Hombre esperado.


    Zaqueo se ha encontrado con Jesús, el Señor. Ese encuentro personal le ha permitido descubrir el auténtico señoría de Jesús, el Hijo del Hombre. El cobrador de impuestos sabe que,  a partir de ahora, su vida ha de ser semejante a la de su verdadero Señor. La vida compartida, la existencia humilde y la actitud de servicio; permitirán a Zaqueo verter en el corazón pobre de sus hermanos la misericordia, que el mismo ha recibido gratuitamente de Jesús.



4. Síntesis final.


    El evangelio de Lucas es el texto de la misericordia de Dios. Jesús es el Señor que nos trae la liberación mediante el ejercicio fiel de la misericordia. La misericordia no es un concepto sino es una realidad manifestada con muchas caras. El primer rostro de la misericordia de Dios con los hombres es el perdón. El episodio de Zaqueo nos muestra la misericordia de Dios convertida en perdón.


    Zaqueo es el prototipo de persona al que las circunstancias de la vida y sus propias acciones, le  han llenado el corazón de amarga culpabilidad. La opinión de las gentes y su propio sentimiento de culpa hacen de Zaqueo una persona empequeñecida. El piensa que en su vida no es posible ningún cambio. Unicamente es posible sobrevivir provocando miedo en los demás, y soportando la dura respuesta del odio y el desprecio.


    En el seno de este círculo vicioso hace acto de presencia -inesperadamente- Jesús de Nazaret. El, con su mirada y su palabra, otorga el perdón ha Zaqueo. Una vez perdonado Zaqueo recobra su dignidad humana y, poniéndose de pie  reconoce a Jesús como el único Señor de su vida. El perdón permite a Zaqueo convertirse, y una vez convertido puede iniciar la senda del bien; que no es otra cosa que repartir entre sus hermanos la misericordia vertida por Jesús en su propia existencia.


    Jesús no libera a Zaqueo por casualidad. La vida Jesús es la encarnación del proyecto liberador de Dios entre los hombres. Jesús "tiene que" liberar al cobrador de impuestos porque para esta misión ha sido enviado. Pero Jesús libera de un modo muy especial. El es el Hijo del Hombre que nos  trae la liberación de Dios convertida en servicio, humildad y vida compartida.     



sábado, 22 de abril de 2017

BASHIR MOHAMED


                                                                              Francesc Ramis Darder
                                                                              bibliayoriente.blogspot.com


ROMA, 18 Abr. 17 / 07:04 pm (ACI).- Bashir Mohamed es un sirio que fue adoctrinado por extremistas y que perteneció al yihadista Frente Al Nusra, asociado a terroristas de Al Qaeda. Sin embargo, una intensa experiencia de curación gracias a la oración hizo que se convirtiera al cristianismo.
 Ahora Mohamed tiene 25 años, reside en Estambul (Turquía) con su esposa Hevin Rashid, y organiza reuniones de oración en su casa en la que participan otros ex musulmanes como él que se han convertido al cristianismo.
Mohamed nació en la ciudad de Afrin, en la zona kurda de Siria, en el seno de una familia musulmana. Cuando tenía 15 años, su primo Ahmad lo llevó a las prédicas yihadistas y se adhirió a una de las ramas más extremistas del Islam.
Al estallar la guerra civil en Siria en 2011, Mohamed se unió a las fuerzas kurdas que luchaban por su autonomía, ya que no tienen un territorio propio.
El joven se horrorizó ante las matanzas que ocurrían en las batallas, pero paradójicamente estas revitalizaron su interés por las enseñanzas extremistas que aprendió en su adolescencia.
“Cuando vi todos esos cadáveres comencé a creer en todo lo que enseñaban las lecturas. Me hicieron buscar la grandeza de la religión”, contó a The New York Times.
En 2012 desertó con un amigo de las fuerzas kurdas para unirse al Frente Al Nusra, que busca derrocar al gobierno de Bashar al Assad en Siria y crear un estado islámico extremista.
Como miembro del Frente Al Nusra, Mohamed presenció crudas matanzas. Entre otras cosas, dijo que los yihadistas ejecutaban a los prisioneros con gran crueldad, como cuando los aplastan con excavadoras.
Mohamed explicó que la propaganda de los extremistas hacía ver la violencia como algo tolerable. “Nos decían que esa gente eran los enemigos de Dios y yo veía positivamente las ejecuciones”.
En 2013, volvió por un breve periodo de tiempo a su ciudad y cuando estuvo de vuelta en el campo de batalla comenzó a cuestionar los objetivos del Frente Al Nusra.
En una ocasión vio que las tropas del gobierno sirio también ejecutaban a sus prisioneros con excavadoras, y pensó que no había mucha diferencia entre ambos bandos.
Desilusionado, abandonó el Frente Al Nusra y volvió nuevamente a Afrin. “Fui a Al Nusra en mi búsqueda de Dios. Pero después de ver a musulmanes asesinando a musulmanes, me di cuenta de que algo estaba mal”, manifestó.
Un año después, Mohamed huyó de Siria a Turquía junto a su esposa. Ya instalados en Estambul, Mohamed aún era musulmán. Rezaba tan alto que sus vecinos se quejaban y quería que su esposa estuviera siempre cubierta en las calles.
A principios del año 2015, Hevin cayó gravemente enferma. Mohamed recuerda que llamó a su primo Ahmad, que para ese entonces ya residía en Canadá, para contarle su situación y se dio con la sorpresa de que la persona que lo había introducido en el mundo de los extremistas se había convertido al cristianismo.
Ahmad le pidió a Mohamed que colocara su teléfono cerca de su esposa para que su grupo pudiera cantar y orar por su salud. Al inicio Mohamed rechazó la idea porque consideraba al cristianismo como una religión repugnante, pero cedió porque estaba desesperado.
Días después de la llamada, la salud de Hevin comenzó a mejorar y su esposo atribuyó este cambio a la oración de su primo.
Entonces decidió pedirle que le presentara a un líder cristiano para poder aprender sobre la fe cristiana. Se puso en contacto con Eimad Brim, un misionero evangélico de un grupo llamado El Buen Pastor, que tenía su sede principal en Jordania.
Mohamed dijo que cuando comenzó a leer la Sagrada Escritura dio cuenta de que le traía más paz que leer el Corán. Se sentía más acogido en las iglesias que en las mezquitas y percibió que las oraciones cristianas era más generosas que las musulmanas.
Tanto él como su esposa comenzaron a soñar con su conversión y a sentirse amados por Dios, según relató Hevin a The New York Times.
Cuando se convirtieron eran conscientes que podían sufrir persecución. Sin embargo, “yo confió en Dios”, dice Mohamed.
“Hay un gran abismo entre el dios que yo solía adorar y el Dios que adoro ahora. Nosotros solíamos adorar con miedo, ahora todo ha cambiado”, dijo el joven converso al cristianismo.