lunes, 9 de enero de 2017

¿QUIÉN ES SANTA CECILIA?

                                     Francesc Ramis Darder
                                     bibliayoriente.blogspot.com


Como recoge Giacomo de la Voragine en la “leyenda Áurea”, la palabra “Cecilia” puede proceder, entre otras posibilidades, de la locución latina “coeli lilia”, que significa “lirios del cielo”, o de la expresión “caecis via”, que quiere decir “guía de ciegos”. Entrelazando ambos significados resplandece el sentido profundo del término “Cecilia”. La mujer que, limpia de maldad como los lirios del campo, metáfora de la pureza evangélica, orienta con el testimonio de su vida, la existencia de los seres humanos hacia la puerta del cielo, la meta feliz de la vida cristiana.

    Cecilia nació en el seno de una noble familia romana. Desde la infancia fue educada en la fe cristiana. Oraba noche y día. Como observan los comentaristas, llevaba siempre en el pecho un ejemplar de los evangelios; símbolo de la presencia de Cristo que latía en su corazón y de quien daba testimonio entre los paganos.

    Su familia la prometió en matrimonio con un joven llamado Valeriano. Como refleja la leyenda, mientras los músicos ensayaban los cantos que pensaban interpretar durante las bodas, ella oraba pidiendo al Señor que le permitiera mantenerse fiel a las pautas del Evangelio durante toda su vida. Seguramente, fue la actitud de plegaria que mantuvo mientras los músicos ensayaban los cantos de la ceremonia lo que la convirtió en patrona de los músicos.

    El testimonio cristiano de Cecilia determinó la conversión de su marido, Valeriano, al cristianismo; y más adelante, propició también la conversión de su cuñado, Tiburcio. Con argumentos sólidos, Cecilia explicó a los dos hermanos la falsedad de la idolatría y la certeza salvadora que emana del amor de Dios, reflejo de la Trinidad Santísima.

    La vivencia cristiana de Valeriano y Tiburcio provocó la ira de Almaquio, el prefecto romano de la ciudad. Con mucha violencia, Almaquio les conminó al abandono del cristianismo y les exigió la adhesión a la idolatría. Depositando tota su confianza en el Señor, rechazaron las órdenes del prefecto y confesaron con más firmeza su fe en Jesucristo, presencia del Dios hecho hombre entre nosotros. Dolido por la respuesta, Almaquio les condenó al martirio; hay que añadir, como señala la leyenda, que el verdugo, Máximo, admirado del testimonio de Valeriano y Tiburcio, abrazó la vida cristiana.

   Más tarde, Almaquio, exigió a Cecilia que renunciase al cristianismo y adorase los ídolos paganos. Cuando ella se negó, el prefecto la condenó al martirio. Antes de morir dirigió, como afirma la leyenda, una catequesis a los miembros de la guardia del prefecto, abriéndoles las puertas de la fe cristiana. Santa Cecilia sufrió el martirio, según unos autores, hacia el año 223, bajo el emperador Alejandro, y como sentencian otros comentaristas, fue martirizada en el año 220 durante el gobierno del emperador Marco Aurelio.   

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