jueves, 27 de febrero de 2014

CUARESMA 2014. ORACIÓN BÍBLICA PARA LA CUARESMA Y LA SEMANA SANTA


                                                        Francesc Ramis Darder


La oración es el encuentro de la sed de Dios y de la sed del hombre. Dios tiene sed de que el hombre tenga sed de El (S. Agustín).

Metodología para la oración:

1. Comencemos haciendo unos momentos de silencio. Pacifiquémonos. Sintámonos bien con nosotros mismos, en silencio, en paz.

2. Observemos nuestra vida. Aquellas situaciones que nos alegran, y también aquellas que nos provocan angustia y dolor.

3. Leamos algún texto de la Sagrada Escritura (en estas hojas tenemos un conjunto de citas tomadas de la Biblia). Elijamos una cada día de la Cuaresma y de la Semana Santa. Leámoslo despacio. Fijémonos en alguna palabra o en alguna frase que pueda iluminar nuestra vida.

4. En nuestro interior vayamos repitiendo lentamente esta palabra o esta frase.

5. Apliquemos esta palabra o esta frase a la situación de nuestra vida que antes hemos contemplado. Pidamos a Dios que nuestro actuar vaya en consonancia con estas palabras de la Escritura que hemos repetido en nuestro interior.


CITAS BÍBLICAS PARA LA ORACIÓN DURANTE LA CUARESMA Y LA SEMANA SANTA



MARZO

Día 5. “No sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que brota de la boca
              de Dios” (Mt 4, 4).

6. “El Reino de Dios no tiene que ver con lo que uno come o bebe; camina en la
       justicia, la paz y el gozo del Espíritu Santo” (Rm 14, 17).

7. “Hermanos: Habéis sido llamados a la libertad, pero no os aprovechéis con
        egoísmo, sino al contrario: por el amor servios unos a otros” (Gal 5, 13).

8. “Aspirad a las cosas grandes ... sintonizad con las cosas de más arriba,
        no con las  de la tierra” (Col 3, 1-2).

9. “En verdad os digo: el comportamiento que habéis tenido con cualquiera de mis
      hermanos más pequeños, lo habéis tenido conmigo” (Mt 25, 40).

10. “No te avergüences nunca de dar testimonio de nuestro Señor Jesucristo”
      (2 Tm 1, 8).

11. “Dios es Espíritu, por eso aquellos que le adoran deben hacerlo en espíritu y en
      verdad” (Jn 4, 24).

12. “El Espíritu acude en ayuda de nuestra debilidad: en la oración, nosotros no
      sabemos a ciencia cierta lo que debemos pedir, pero el Espíritu en persona
      intercede por nosotros con gemidos”  (Rm 8, 26).

13. “Si alguno de vosotros quiere seguirme, que se niegue a sí mismo, que tome su
      cruz y que me siga” (Lc 9, 23).

14. “Vuestro Padre sabe lo que os hace falta antes que se lo pidáis” (Mt 6, 8).

15. “Buscad primero el Reino de Dios y su justicia y todo lo demás se os dará por
      añadidura” (Mt 6, 33).

16. “Si os mantenéis en mi palabra, seréis en verdad discípulos míos, tendréis
      experiencia de la verdad y la verdad os hará libres” (Jn 8, 31-32).

17. “¡ Cuántas gracias le doy a Dios por Jesús, Mesías, Señor nuestro !” (Rm 7, 25).

18. “El amor que Dios nos tiene inunda nuestros corazones por el Espíritu Santo
       que  nos ha dado”  (Rm 5, 5).

19. “Seguidme y os haré pescadores de hombres”  (Mc 1, 17).

20. “No habéis recibido espíritu de esclavos para tener miedo, sino un espíritu de
        hijos, que nos hace clamar con fuerza: Abba, Padre” (Rm 8, 15).

21. “Dejad de amontonar riquezas en la tierra, donde la polilla y la carcoma las
        echan a perder y donde los ladrones abren boquetes y roban”  (Mt 6, 20).

22. “Cuando hagas limosna, que tu mano izquierda no se de cuenta de que lo hace
        tu derecha” (Mt 6, 3).

23. “Los frutos del Espíritu son: amor, alegría, paz, paciencia, humanidad,
        bondad,   fidelidad, mansedumbre, control de uno mismo” (Gal 5, 22).

24. “Pues si perdonáis las culpas a los demás, también vuestro Padre del Cielo os
        perdonará a vosotros” (Mt 6, 14).

25. “Pienso que todos los sufrimientos de este mundo no tienen comparación con
        la felicidad que se ha de revelar en nosotros” (Rm 8, 18).

26. “Aquel que no escatimó a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos
       nosotros,  ¿ cómo es posible que con El no los lo regale todo ?” (Rm 32).


27. “El ayuno que yo quiero es éste: abrir las prisiones injustas, hacer saltar los
        cerrojos de los cepos, dejar libres a los oprimidos, partir tu pan con el
        hambriento, hospedar a los pobres sin techo, vestir al que ves desnudo ...”
        (Is 58, 6-7).

28. “El Señor es Espíritu; y donde está el Espíritu del Señor hay libertad”
        (2 Cor 3, 17).

29. “Bienaventurados los pobres porque de ellos es el Reino de los Cielos”
       (Mt 5, 3).

30. “Amad a vuestros enemigos y rezad por aquellos que os persiguen; así os
        asemejaréis a vuestro Padre del Cielo, que hace salir el Sol sobre buenos y
        malos y envía la lluvia a justos e injustos” (Mt 5, 44-45).

31. “Aquello que viene de fuera no puede ensuciar al hombre ... lo que le ensucia
        es   aquello que le sale de dentro” (Mc 7, 18.21).


ABRIL

1. “Igual que mi Padre me amó os he amado yo. Manteneos en ese amor que os
        tengo, y para manteneros en mi amor cumplid mis mandamientos” (Jn 15, 9).

2. “A los ricos de este mundo insísteles en que no sean soberbios ni pongan su
        confianza en riqueza tan incierta, sino en Dios que nos procura todo en
        abundancia para que lo disfrutemos” (1 Tm 6, 17).

3. “Estad siempre alegres, orad constantemente, dad gracias en toda circunstancia
        porque esto quiere Dios de vosotros como cristianos” (1 Tes 5, 17).

4. “Si yendo a presentar tu ofrenda ante el altar, te acuerdas allí que tu hermano
        tiene algo contra ti, deja tu ofrenda ante el altar, y ve primero a reconciliarte
        con tu hermano; vuelve entonces y presenta tu ofrenda” (Mt 5, 23).

5. “Por qué te fijas en la mota que tiene tu hermano en el ojo y no reparas en la
        viga que tienes en el tuyo” (Mt 7, 3).

6. “No basta decir  <Señor, Señor> para entrar en el Reino de los Cielos; no, hay
        que poner por obra el designio de mi Padre del Cielo” (Mt 7, 21).

7. “Acercaos a mí todos los que estáis cansados y agobiados, que yo os daré
        respiro” (Mt 11, 28).

8. “Os doy un mandamiento nuevo: que os améis unos a otros; igual que yo os he
        amado, amaos también entre vosotros. En eso conocerán que sois discípulos
        míos: en que os amáis unos a otros” (Jn 13, 34-35).

9.  “No estéis agitados; fiaos de Dios y fiaos de Mí” (Jn 14, 1).

10. “No me elegisteis vosotros a mí, fui yo quien os eleg a vosotros y os destiné a
      que os pongáis en camino y deis fruto” (Jn 15, 16).

11. “Os he dicho estas cosas para que gracias a Mí tengáis paz. En el mundo
      tendréis  apreturas, pero, ánimo, que yo he vencido al mundo” (Jn 16, 33).

12.  “Por consiguiente acogeos mutuamente como el Mesías os acogió para honra
       de Dios” (Rm 15, 7).

13. “A nadie le quedéis debiendo nada más que el amor mutuo, pues el que ama a
      otro tiene cumplida la Ley” (Rm 13, 8).

14. “Esmerémonos en lo que favorece la paz y construye la vida común”
     (Rm 14, 19).

15. “Así que esto queda: fe, esperanza, amor; estas tres, y de ellas la más valiosa
      es el amor” (1 Cor 13, 13).

16. “Por consiguiente, queridos hermanos, estad firmes e inconmovibles, trabajando
      cada vez más por el Señor, sabiendo que vuestras fatigas como cristianos no
      son inútiles” (1 Cor 15, 58).

17. “El favor del Señor Jesús Mesías y el amor de Dios y la solidaridad del Espíritu
      Santo, estén con todos vosotros” (2 Cor 13, 13).

18. Viernes Santo. José de Arimatea descolgó el cuerpo de Jesús, lo envolvió en la sábana y lo puso en un sepulcro que estaba excavado en la roca; luego, hizo rodar una piedra sobre la entrada del sepulcro. María Magdalena y María la de Joset se fijaban  donde era puesto (Mc 15,46-47).

19. Sábado Santo: “Sé valiente … ten ánimo … confía en el Señor” (Sal 37,1-5).

20. Domingo de Pascua: Jesús de Nazaret, el Crucificado, ¡HA RESUCITADO!  (Mc 16,6).


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   http://bibliayoriente.blogspot.com.es/2014/02/la-espiritualidad-de-la-cuaresma.html

jueves, 20 de febrero de 2014

ESPIRITUALIDAD DE LA CUARESMA

                                                                  Francesc Ramis Darder


Cuando las mujeres entraron en el sepulcro vieron a un joven vestido de blanco que les dijo: “Buscáis a Jesús de Nazaret, el crucificado: ha resucitado, no está aquí” (Mc 16,6).

La resurrección del Señor es el hecho capital de la fe; como decía el apóstol Pablo, si Cristo no ha resucitado, nuestra fe es ilusoria (1Cor 15,17). La centralidad de la resurrección provoca que la Cuaresma sea tiempo de disponer la vida para celebrar con profundidad la Pascua.

 Los cuarenta días de la Cuaresma evocan los cuarenta años en que Israel peregrinó por el desierto hacia la tierra prometida o los cuarenta días que Jesús pasó en el desierto antes de iniciar la predicación del Reino de Dios (Nm 14,34; Mt 4,1-11); desde este ángulo, la Cuaresma es tiempo de preparación para el suceso que transforma la vida: el encuentro personal con el Resucitado.

La preparación para el acontecimiento esencial requiere esfuerzo, y este esfuerzo se llama camino de conversión. Como hizo María Magdalena, convertirse significa volver la mirada hacia Jesús para descubrirle como el maestro amado que nos acompaña (Jn 20,16). La Escritura ofrece tres consejos para volver la vista hacia Jesús: la oración, la caridad y el ayuno (Mt 6,1-18).

A menudo pensamos que lo más importante es lo que nosotros hacemos, pero la oración desvela que lo más importante es lo que Dios hace por nosotros; orar es experimentar que el Señor nos ha amado antes de que le conociéramos. ¡Dios nos ha amado primero! (1Jo 4,10).

La caridad no se agota en la limosna ocasional. Implica ver en el corazón del prójimo el latido del Señor. Así lo enseña Jesús: “Venid a mí [...], porque tenía hambre, y me distéis de comer; tenía sed, y me distéis de beber (Mt 25,35-36). El ayuno es un signo para recordar que estamos en tiempo de conversión, pero, como proclama Isaías, también sacude nuestra vida; “el ayuno que yo quiero, dice el Señor, es este: libera a los que están presos, comparte tu pan con el hambriento, acoge en tu casa a los pobres” (Is 58,5-7).

A veces creemos que la vida cristiana se vive solo con las fuerzas humanas, cuando es el mismo Dios quien nos introduce por el camino de la conversión; de ahí la importancia del sacramento de la Reconciliación, tan oportuno en la Cuaresma. Cuando lo celebramos recibimos el perdón de Dios, pero también la gracia, la presencia de Dios en nuestra vida que nos hace testigos del amor por los senderos de la vida hasta el día bienaventurado en que irrumpa la Pascua eterna. 


    Continúa en:
http://bibliayoriente.blogspot.com.es/2014/02/oracion-biblica-para-la-cuaresma-y-la.html 

miércoles, 12 de febrero de 2014

LAS HISTORIAS PATRIARCALES Gn 12-50

                                                                      Francesc Ramis Darder


Dios llamó a Abrán y le encaminó hacia Canaán con la promesa de convertirle en un gran pueblo (Gen 12, 1-6). Abrán y Saray, su esposa, no tenían hijos; por eso, y siguiendo una costumbre antigua, Saray entregó a Abrán a su esclava Agar que concibió a Ismael (16). Más adelante el Señor estableció una alianza con Abrán, significada por la promesa de tierra y la descendencia. La alianza se exterioriza con la circuncisión y el cambio de nombre, Abrán y Saray se llamarán Abrahán y Sara.

Abrahán y Sara concibieron a Isaac. Entonces Sara sintió celos de Ismael. Abrahán, instigado por su esposa, expulsó a Agar y a su hijo, pero el Señor se apiadó y convirtió a Ismael en un gran pueblo (21). A la muerte de Sara, Abrahán compra la cueva de Macpelá para sepultarla (23), donde también él será enterrado (25, 9). La promesa divina comienza a cumplirse: Isaac inicia la descendencia y la adquisición de la sepultura inaugura la posesión de la tierra.

Isaac contrae matrimonio con Rebeca (24) que concibe a Esaú y Jacob. Esaú, el primogénito, era el heredero; pero vendió a Jacob su primogenitura por un plato de lentejas (25, 31-34); y más tarde, Rebeca, mediante la intriga, consiguió que Isaac bendijera a Jacob (27). Esaú enfurecido quiso matar a su hermano. Jacob huyó a casa de su tío Labán y se casó con sus hijas Lía y Raquel. Más tarde Jacob engendró con sus dos esposas y sus respectivas esclavas, Zilpá y Balá, doce hijos: Rubén, Simeón, Leví, Judá, Dan, Neftalí, Gad, Aser, Isacar, Zabulón, José (29) y Benjamín (35, 18). Después Jacob escapó de Labán y volvió a Canaán. Durante el regreso luchó con Dios que le cambió el nombre llamándole Israel, se reconcilió con Esaú, y erigió un altar al Señor en Betel (32-35).

José era el preferido de Jacob. Sus hermanos le odiaban y lo vendieron a Putifar, ministro del faraón (37). José en Egipto explicó el sueño que había tenido el faraón; el faraón a modo de recompensa, lo nombró primer ministro (41). Cuando el hambre azotó Oriente, los hijos de Jacob bajaron a Egipto a comprar trigo (42). Tras muchas peripecias, José invitó a sus hermanos y a su padre a vivir en Egipto otorgándoles el territorio de Gosén (43-47). José, casado con Asenet engendró a Manasés y Efraín (41, 51-52); pero Jacob, antes de morir, los bendijo adoptándolos como hijos (48).


Las historias patriarcales nos recuerdan que Dios nos acompaña siempre en el camino de la vida; y subrayan que por duras que sean las adversidades,el Señor permanece a nuestro lado como el buen padre que nos quiere y el amigo que consuela.

miércoles, 5 de febrero de 2014

¿CUÁLES SON LAS SECCIONES DEL NUEVO TESTAMENTO?

                                                                Francesc Ramis Darder

    Desde la óptica catequética, dividimos el NT en cuatro secciones..

A. Evangelios.
    El término “Evangelio” procede del griego y significa “Buena Noticia”. Proclama la buena noticia de Jesús de Nazaret quien con su vida, muerte, y resurrección nos ha salvado. Jesús nos ha liberado, pero también nos exige actualizar la liberación en el  mundo de forma radical: “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente ... y amarás al prójimo como a ti mismo” (Mt 22, 37.39).  Los evangelios son cuatro: Mateo, Marcos, Lucas y Juan. Los tres primeros se llaman sinópticos porque narran, más o menos en el mismo orden el ministerio de Jesús; mientras el evangelio de Juan introduce discursos del Señor que invitan a meditar y contemplar su Palabra.

B. Hechos de los Apóstoles.
    El libro de los Hechos describe los avatares de la primitiva comunidad cristiana. Comienza con la Ascensión del Señor (Ac 1,3-11), seguidamente narra la vida de la comunidad de Jerusalén (Ac 1,12 - 5,42), después explica la misión a los paganos (Ac 6,1 - 12, 25), a continuación describe el crecimiento de la comunidad desde Antioquía hasta Roma (Ac 13,1 - 28,10),  y culmina con la llegada de Pablo a Roma donde anuncia al Señor resucitado (Ac 28,30-31). El libro no se limita a proporcionar datos históricos de la primitiva Iglesia, sino que contempla la comunidad desde la perspectiva de Dios en dos aspectos. 1º Explica cómo la Palabra de Dios se expande de Jerusalén hasta Roma. 2º Analiza cómo las comunidades viven el precepto evangélico “Amarás a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a ti mismo” (Mt 22, 37.39).

C. Las Cartas.
    El NT contiene numerosas cartas estructuradas en tres grupos. 1º Cartas de S.Pablo: Romanos, 1-2 Corintios, Gálatas, Efesios, Filipenses, Colosenses, 1-2 Tesalonicenses, 1-2 Timoteo, Tito, y Filemón. 2º Epístola a los Hebreos. 3º Cartas Católicas: Santiago, 1-2 Pedro, 1-2-3 Juan, y Judas. Contienen exhortaciones, plegarias y discursos a las comunidades para seguir el mensaje de Jesús resucitado desde la vivencia cotidiana del amor a Dios y al prójimo (Mt 22,37.39).

D. El Apocalipsis.
    La palabra “Apocalipsis” procede del griego y significa “desvelar, revelar”. El Apocalipsis puede enfocarse desde múltiples perspectivas, pero la visión catequética inclina a considerarlo un su cariz profético. El Apocalipsis examina las siete Iglesias para exigirles la vivencia del Evangelio: a la comunidad de Éfeso le solicita el amor, a la de Esmirna y Filadelfia la fidelidad, el cambio de conducta a Pérgamo, a la de Tiátira le pide veracidad, vigilancia a la comunidad de Sardes y a la de Laodicea le reclama el abandono de la tibieza. El resto del libro constata la radicalidad del evangelio y exige de cada cristiano la fidelidad a la enseñanza de Jesús resucitado.


jueves, 30 de enero de 2014

¿QUÉ CARACTERIZA AL UNIVERSO QUE DESCRIBE LA BIBLIA?

                                                                                                                      Francesc Ramis Darder


Continuación de "¿CÓMO ES EL UNIVERSO QUE DESCRIBE LA BIBLIA?:
http://bibliayoriente.blogspot.com.es/2014/01/como-es-el-universo-que-describe-la.html


Si comparamos la visión del Universo de Israel con las representaciones descubiertas en Mesopotamia, apreciamos una gran semejanza; pero, en el fondo palpita una diferencia crucial.

     Para un habitante de Mesopotamia el Universo “vagaba al azar”; en cambio, para un israelita el Mundo “estaba sostenido en las buenas manos de Dios”. En otras palabras, para un israelita bajo el Cosmos “late el proyecto de Dios en favor del hombre”, mientras que para los pobladores de Mesopotamia el Universo estaba sujeto “al capricho de los dioses” o “a la fragilidad del destino”.

    El poema babilónico “Enuma Elish” (1100 aC.) relata el origen del Mundo conforme a la perspectiva mesopotámica. Los dioses habitaban el cielo. La diosa Tiamat entró en conflicto con las divinidades jóvenes. Los dioses adolescentes pidieron al dios Marduk que acabara con Tiamat. Marduk mató a Tiamat y después partió su cuerpo en dos. Mediante el fragmento mayor construyó el firmamento y con el menor formó la tierra. Después los dioses mezclando la sangre de Tiamat con el polvo terrestre modelaron al hombre. Un día los dioses decidieron divertirse con el hombre. Desde el cielo arrojaban rayos contra los humanos, provocaban terremotos y engendraban guerras para disfrutar del pánico y el combate entre los hombres.

    Las primeras páginas del AT (Gen 1, 1 - 2, 3) describen cómo Dios “crea” el cielo y la tierra (1, 1; 2, 4), los monstruos marinos (1, 21), el hombre (1, 27) y todas las cosas (2, 3). El verbo hebreo “crear” es especial, sólo se usa cuando el sujeto de la acción es Dios. Los hombres “hacen” y  “fabrican”, pero sólo Dios “crea”.
   
    Los dioses mesopotámicos fabrican el Mundo que abandonan a su suerte, y modelan al hombre para divertirse con él. El Dios de Israel “crea” el mundo y el hombre; no para divertirse, sino para insertar en su corazón el proyecto divino (Gen 1, 1  - 2, 3).

    El autor de Gen 1, 1 - 2, 3 no pretendió escribir un libro de cosmología. Afirmó que bajo el Mundo y en el corazón humano palpita el proyecto divino que sitúa al Mundo y al Hombre en una posición nueva. El mapa del Cosmos que presenta la Biblia se asemeja al de Mesopotamia pero el fondo es distinto: el Hombre y el Mundo están sostenidos por las buenas manos de Dios y no aplastados por la fuerza de sus puños. ¡Sólo Dios hace las cosas nuevas!



viernes, 24 de enero de 2014

¿CÓMO ES EL UNIVERSO QUE DESCRIBE LA BIBLIA?

                                                                                                              Francesc Ramis Darder  

    El pueblo hebreo percibía un Universo pequeño. La tierra era plana y consistía en un continente sostenido sobre columnas que al temblar ocasionaban terremotos (Sal 75, 4; Job 9, 6). Los pilares de la tierra se sostenían, a su vez, sobre el abismo de un mar ubicado bajo la superficie terrestre (Sal 24, 2). Bajo la tierra y entre las columnas que la sostenían, había un habitáculo llamado “Sheol” (Gen 37, 35). ¿Qué es el Sheol?

    Los israelitas antiguos topaban con un dilema. Por una parte no se atrevían a imaginar que después de la muerte pudieran vivir con Dios. Por otra parte experimentaban la certeza de que Yahvé modela la existencia humana con amor apasionado; y, por tanto, el hombre es alguien privilegiado en la creación (Sal 8, 6).

    La grandeza humana mostraba el absurdo de la desaparición del hombre tras la muerte; pero, a la vez, la pequeñez humana hacía inimaginable que después del ocaso alcanzara la morada de Dios. Para resolver el dilema, los israelitas supusieron que bajo la tierra existía un receptáculo: el “Sheol”. Cuando alguien moría su cuerpo se corrompía, pero “lo mejor” de la persona descendía al “Sheol”. La muerte no aniquilaba al hombre, ya que “lo mejor” de él permanecía en el Sheol; pero tampoco iba a la morada divina, pues “lo mejor” quedaba en el Sheol aguardando la llegada del Mesías. Bajo la tierra había, además, un gran depósito de agua que alimentaba los mares, las fuentes, y los ríos (Prov 8, 28).

     Los extremos de la tierra veían erguirse altas montañas, las columnas del cielo (Job 26, 11), que sostenían una especie de campana transparente: el firmamento (Gen 1, 6-10). Sobre el firmamento había una gran masa de agua, “las aguas de encima del firmamento” (Gen 1, 7); y a lo largo del mismo existían las “compuertas del cielo” (Is 24, 18) que, al abrirse por orden de Dios (Mal 3, 10), ocasionaban la lluvia.

     El firmamento separaba las aguas de la superficie de la tierra (mares, lagos, ríos, fuentes) de las aguas situadas sobre el firmamento que provocaban la lluvia (Gen 1, 6). También sostenía el Sol, la Luna, y las Estrellas (Gen 1, 14-18). El Sol y la Luna estaban en el firmamento, en primer lugar, “para separar el día de la noche, y servir de señales para distinguir las estaciones”; sólo en segundo término, ejercían la función de “alumbrar la tierra” (Gen 1, 15). El Sol durante el día y la Luna por la noche recorrían el firmamento. La mentalidad antigua concebía la luz y la tiniebla como sustancias concretas: dice Isaías respecto de Dios: “Yo formo la luz y creo la tiniebla” (Is 45, 7).

    La percepción de los hebreos entendía que Dios, desde el Cielo, lanzaba durante el día una sustancia llamada luz; el Sol era, principalmente la “señal” (Gen 1, 15): una especie de reloj que anunciaba el tiempo en que Dios derramaría luz sobre la tierra. Cuando el Sol se ponía, Dios vertía desde el Cielo la tiniebla. La Luna, proporcionaba un poco de luz, pero su tarea consistía en ser la “señal” (Gen 1, 15) que informaba del tiempo en que Dios esparcía tiniebla sobre la tierra. Las estrellas eran diminutos adornos, fijos en el firmamento, que proclamaban la gloria de Dios (Sal 8, 2.4).

    Las aguas emplazadas sobre el firmamento (Gen 1, 6) estaban, a su vez, recubiertas por otra superficie sólida que envolvía todo el Universo. Más allá de esta segunda cobertura; es decir, más allá del Universo, radicaba la habitación de Dios, el trono de Yahvé (Ez 1, 22.26; 10, 1), inaccesible para el ser humano.


Continúa en: ¿POR QUÉ SE CARACTERIZA EL UNIVERSO QUE DESCRIBE LA BIBLIA?:
http://bibliayoriente.blogspot.com.es/2014/01/por-que-se-caracteriza-el-universo-que.html

miércoles, 15 de enero de 2014

¿CUÁLES SON LOS LIBROS PROFÉTICOS?


                                                   Francesc Ramis Darder

Solemos tener una imagen distorsionada del profeta; pensamos que se dedica a adivinar el futuro, pero un profeta no actúa de ese modo. Profeta es aquel que con lo que piensa dice y hace, muestra a quienes le ven que Dios es santo y exige la santidad. Los profetas especifican de manera práctica cómo hay que ser santo como Dios es santo en momentos concretos de la Historia.

    Amós predicó su mensaje en el siglo VIII aC. en la ciudad de Samaría en una época de miseria nacida de la injusticia. Isaías pregonó su mensaje en Jerusalén aturdida por el miedo y atenazada por la idolatría. Su mensaje podría sistematizarse así: Ser santo como Dios es santo (cf Lv 19, 2) significa en el siglo VIII aC. y en Samaría luchar por la justicia; y, en Jerusalén implica abandonar la futilidad de los ídolos para sentirse acogidos en las buenas manos de Dios.


    Los Libros proféticos, desde la perspectiva catequética, se dividen en dos grupos atendiendo a la extensión de la obra. Profetas Mayores: Isaías, Jeremías, Ezequiel y Daniel. Profetas Menores: Oseas, Joel, Amós, Abdías, Jonás, Miqueas, Nahum, Habacuc, Sofonías, Ageo, Zacarías, Malaquías, y Baruc.

domingo, 12 de enero de 2014

¿CUÁLES SON LOS LIBROS HISTÓRICOS EN LA BIBLIA?

                                                         Francesc Ramis Darder


    Los libros históricos son 16 y catequéticamente se subdividen en cuatro secciones: Deuteronomista, Cronista, Historias Ejemplares e Historia Macabea.

a. Historia Deuteronomista.

    Constituye el grupo más importante y lo integran seis libros: Josué, Jueces, 1-2 Samuel y 1-2 Reyes. Comienza narrando el gozo de la conquista de la Tierra Prometida y acaba describiendo el fracaso del exilio en Babilonia (597-538 aC.); pero, los últimos versos alumbran la esperanza: el rey de Babilonia, Evil Merodac, se apiada del rey de Israel, Jeconías, y le concede trato de favor (2Re 27-30).

    Lo más importante es el punto de vista desde el que se relata la historia. Describe cada rey y después emite un juicio. No valora al rey por sus palacios o las batallas que ganó, sino que lo contempla desde la perspectiva religiosa. Si el monarca guardó el precepto, “Sed Santos, porque yo, el Señor vuestro Dios, soy santo” (Lv 19, 2), se le considera buen rey. En cambio, si no lo guardó, por grandes que fueran sus construcciones o aguerridas sus batallas se le juzga mal gobernante. En definitiva la Historia Deuteronomista es una lectura creyente de la realidad: observa la vida de Israel desde la perspectiva de Dios.


b. Historia Cronista.

    La integran 1-2 Crónicas; a los que añadimos, en perspectiva catequética, Esdras y Nehemías.

    La Historia Deuteronomista, como hemos dicho, analiza cada reinado desde la perspectiva religiosa (Lv 19, 2), y describe los hechos buenos y malos de cada soberano. Narra las victorias de David (2 Sam 5, 1 -8, 18), pero también cuenta el pecado del rey al hacer asesinar a su amigo Urías para apoderarse de su esposa Betsabé (2 Sam 11). En cambio la Historia Cronista tiende a omitir los pecados de los reyes, y magnificar sus virtudes. No cuenta el pecado de David descrito en 2 Sam 11, y propende a engrandecer los éxitos del monarca.

    La razón profunda del cambio de perspectiva es compleja. Israel había experimentado el exilio y vivía sometido a potencias extranjeras. El pueblo hebreo necesitaba coraje para reemprender la existencia religiosa, y escribió una historia que le motivara positivamente a vivir la fe en época de oscuridad histórica y desánimo social.


c. Historias Ejemplares.

    Constituyen narraciones que mueven el sentimiento del lector hacia la santidad. Presentan algunos israelitas, que en momentos difíciles de la historia, han buscado ser santos como Dios es santo (Lv 19, 2). Rut deposita la confianza en el Dios de Israel. Ester arriesga su vida para salvar al pueblo. Judit lucha por la liberación de Israel. Tobías, en tiempos de increencia, practica la misericordia.


d. Historia Macabea.


    Dos libros, 1-2 Macabeos, narran una cruel guerra entre los judíos y los monarcas helenistas iniciada en el año 162 aC. En el fondo de la crónica late el deseo de querer ser santo como Dios es santo (Lv 19, 2). La fe no es algo teórico, sino que reposa en la opción decidida por la liberación del oprimido, y en la conciencia de que entregar la vida en favor de quienes sufren es la mejor ofrenda que podemos presentar al Señor. 

martes, 7 de enero de 2014

¿QUÉ ES EL PENTATEUCO? ¿QUÉ SIGNIFICA LA PALABRA PENTATEUCO?


                                                                        Francesc Ramis Darder


     El Pentateuco contiene cinco libros: Génesis, Éxodo, Levítico, Números y Deuteronomio; está escrito en lengua hebrea. Al leerlo apreciamos la belleza de sus historias (los Orígenes, Abrahán, Isaac, Jacob, José, Moisés); pero a menudo abruma la cantidad de leyes que contiene. Además, algunas historias no son sino la aplicación concreta de alguna ley. Por eso en la terminología judía el Pentateuco se llama Torah  “el Libro de la Ley”.

    Las leyes regulan todos los ámbitos de la vida: desde la sacralidad de las ofrendas del Templo (Lv 1-7), hasta el cuidado en la edificación del pretil de la azotea (Dt 22, 8). Las leyes más importantes constan en los “Diez Mandamientos” (Ex 20, 1-17; Dt 6, 21), el “Código de la Alianza” (Ex 21-23), el “Códogo Deuteronómico” (Dt 12-26) y la “Ley de Santidad” (Lv 17-26), que si pudiéramos resumir todas las leyes en una sola disposición sería esta: “Sed santos, porque yo, el Señor vuestro Dios, soy santo” (Lv 19, 2).

    El Pentateuco exige la búsqueda de la santidad. Ser santo como Dios es santo significa esforzarse por intervenir en la Historia y en el corazón del prójimo de la misma manera que Dios actúa: liberando, acompañando, creando, perdonando y anunciando el triunfo final de la vida. ¡Sólo el amor hace las cosas nuevas!

lunes, 30 de diciembre de 2013

¿CUÁL ES LA REVELACIÓN FUNDAMENTAL DE LA BIBLIA?.



                                                                                   Francesc Ramis Darder


La Sagrada Escritura narra la intervención de Dios en la Historia, de la que Israel y posteriormente la Iglesia, son testigos privilegiados. La lectura completa de la Biblia muestra que Dios es de naturaleza divina no sólo porque sea eterno o todopoderoso, sino básicamente porque, respetando la libertad humana, interviene admirablemente en la Historia. Ese punto es esencial: en la Biblia Dios es Dios, porque actúa amorosamente en la Historia, y en el corazón de la persona comunicándole la fuerza que fundamenta la vida.

    Conviene que nos detengamos un momento para aclarar dos conceptos: revelación e inspiración. La Biblia es un libro revelado porque, leído en perspectiva creyente, manifiesta la intervención salvadora de Dios es la Historia, y es también un libro inspirado.

   ¿Qué significa que la Biblia es un texto inspirado? La Biblia revela la intervención de Dios en la Historia, pero para escribirla no ha sido Dios quien personalmente ha tomado papel y pluma para redactarla, sino que ha elegido a los autores de los libros bíblicos para que la escribieran. Éstos autores tenían cualidades personales pero también estaban limitados por los condicionantes de su época, pero Dios les inspiró; es decir, les iluminó mediante el Espíritu para que con sus cualidades y limitaciones supieran captar y redactar la intervención amorosa de Dios en los avatares humanos.

    El arquetipo de la intervención de Dios en el AT radica en la liberación de Israel de la esclavitud de Egipto: “Éramos esclavos del faraón en Egipto, y Yahvé nos hizo salir con mano fuerte ... para conducirnos y darnos el país que prometió a nuestros padres” (Dt 6, 21-22). La situación culminante de la intervención divina en el NT consiste en la resurrección de Jesús: “Cristo Jesús ... que se humilló haciéndose obediente hasta la muerte, y una muerte de cruz. Por eso Dios lo ha exaltado extraordinariamente y le ha concedido aquel nombre que está sobre todo nombre ... a fin de que toda lengua confiese que Jesucristo es Señor, a gloria de Dios Padre” (Flp 2, 5-11).

    La intervención divina a lo largo del AT acontece principalmente a través de mediadores (ángeles, jueces, reyes, sacerdotes, profetas, y el pueblo fiel), sin embargo, aunque con menor frecuencia, Dios también actúa personalmente: libera, acompaña a su pueblo, crea, perdona, y promete la vida.

    El NT une las dos corrientes de la Antigua Alianza. En la persona de Jesús de Nazaret, el Hijo de Dios encarnado, entronca el mediador divino con la misma presencia de Dios: “Y la Palabra se hizo carne y habitó entre nosotros, y hemos contemplado su gloria, gloria que tiene del Padre como hijo único, lleno de gracia y de verdad” (Ju 1, 14).

    La liberación de Israel de la esclavitud de Egipto es la vivencia crucial del AT, y la resurrección de Jesús el acontecimiento fundante del NT. Si borráramos del AT la frase “el Señor nos liberó de Egipto” (Dt 6, 21), y del NT “Jesús de Nazaret, el crucificado. Ha resucitado, no está aquí” (Mc 16, 6); la Biblia dejaría de ser un libro revelado y devendría una obra interesante de literatura antigua. La Biblia comunica, mediante el lenguaje humano, la certeza de que Dios interviene en la Historia y en el hondón de nuestra existencia, a la vez que reseña la respuesta humana al designio divino.


martes, 24 de diciembre de 2013

¿QUÉ ES UN TEL? LA IMPORTANCIA DE LA ARQUEOLOGÍA EN EL ESTUDIO DE LA BIBLIA


                                                                     Francesc Ramis Darder


De la misma manera que los “Talaiots” representan los asentamientos emblemáticos de la cultura mallorquina antigua, los “Tels” constituyen el prototipo de asentamiento de la civilización israelita antigua. ¿Qué es un Tel?

Los israelitas edificaban una aldea rodeándola de una muralla. Cuando la aldea era atacada, si sus habitantes no resistían el asedio, era conquistada y destruida. Al cabo de un tiempo, otros pobladores acudían a habitar la aldea devastada, y para eso “aplanaban” las ruinas de la población demolida y edificaban sobre sus restos otra aldea protegiéndola con otro muro. Cuando la nueva villa era atacada y destruida se repetía el mismo proceso: pasados unos años la ocupaban otros habitantes que “aplanaban” las ruinas y levantaban otra aldea. Y así sucesivamente.

La edificación de una aldea sobre los vestigios de la anterior provocaba que la nueva estuviera más elevada; y, con los años, el pueblo aparecía bastante elevado respecto del nivel del suelo. Llegaba un día en el que, por circunstancias diversas, la aldea era abandonada definitivamente; entonces toda la construcción iba recubriéndose de tierra portada por el viento, y cuando había suficiente tierra crecía la vegetación. De ese modo el conjunto de aldeas edificadas una sobre otra adquiría la imagen de una colina; y esa colina artificial se denomina “Tel”. La excavación de los “Tels” aporta información útil para la comprensión de la Biblia. Veamos un ejemplo.

David es un personaje central en la Biblia; pero con la excepción del AT no había ningún documento que atestiguara la existencia de la dinastía davídica. La ausencia de documentos hizo que algunos comentaristas pusieron en duda e incluso negaran la misma existencia de David. Pero ahí intervino la arqueología. Al norte de Israel se asienta la ciudad de Dan, y junto a ella se levanta un Tel ciclópeo llamado Tel-Dan. En él se descubrió en 1993 una lápida donde consta la expresión “Casa de David” como término para referirse a la monarquía de Judá a finales del siglo IX aC, y así quedaron zanjadas las dudas sobre la existencia de David y su dinastía.




viernes, 13 de diciembre de 2013

¿QUÉ SIGNIFICA LA PALABRA BIBLIA?

                                                                                                 Francesc Ramis Darder


    La palabra “Biblia” procede de la lengua griega y significa propiamente biblioteca. La Biblia no es un único libro, sino una colección de 73 volúmenes: 46 integran el Antiguo Testamento y 27 el Nuevo Testamento.

    La Biblia narra la revelación de Dios al pueblo de Israel y posteriormente a la Iglesia, con la consiguiente respuesta humana al proyecto de Dios. ¿Qué significa esta definición?

    Dios nos habla de muchas maneras; una puesta de sol, la muerte de un ser querido, el amor de los esposos, el sufrimiento humano, el gozo de compartir la vida. Todo lo que acontece en la existencia, contemplado con los ojos de la fe, es una Palabra del Señor que penetra nuestra vida transformándola.

    El pueblo de Israel vivió profundas experiencias: la salida de Egipto, la conquista de la Tierra Prometida, el fracaso de la monarquía, el dolor del exilio, y la ilusión de reconstruir Jerusalén. Pero, y eso es lo importante, contempló los avatares de su Historia con los ojos de Dios; y, más tarde, lo puso por escrito en el Antiguo Testamento. Por eso, el AT no es un libro de geografía o historia antigua: cuenta cómo el pueblo hebreo percibió su existencia entretejida por las manos de Dios.

    Los discípulos de Jesús tuvieron hondas vivencias: gozaron de la llamada de Cristo, escucharon sus parábolas y vieron sus milagros, se durmieron en el huerto de los Olivos, Pedro le negó; pero, al final contemplaron la presencia del Señor resucitado. S. Pablo, gran perseguidor de la Iglesia se convirtió, y fundó comunidades cristianas de las que recibió alegrías y disgustos.

     Los apóstoles no se limitaron a observar a Jesús como a un buen maestro de ética novedosa, sino que le contemplaron con la mirada de la fe y vieron en Él al Señor, al Mesías prometido en  la Antigua Alianza. Más tarde, en el seno de la Iglesia fue escribiéndose el Nuevo Testamento. El Evangelio es la Buena Noticia de Jesús recogida por la Iglesia, inspirada por el Espíritu Santo, para alentar a todos los cristianos a sentirse amparados por la presencia del Resucitado, y alentados a sembrar en el mundo la semilla del Reino de Dios.

    La Biblia es la Palabra de Dios a la Humanidad, pero escrita con letras humanas por quienes han contemplado la historia de Israel, el mensaje de Jesús, y la vida de la Iglesia, con los ojos de la fe. La Biblia es un texto revelado no porque contenga un saber arcano, sino porque al leerla con fe percibimos la voz de Dios que libera y la ternura de Cristo, la presencia de Dios entre nosotros, que otorga pleno sentido a la vida del ser humano.



martes, 3 de diciembre de 2013

ADVIENTO 2013. MARÍA: MODELO DE ADVIENTO

                                                                         Francesc Ramis Darder



     La figura de María siempre dirige nuestra vida hacia el seguimiento del evangelio. Recordemos, en este sentido, las palabras de María durante el banquete de las bodas de Caná (Ju 2,1-12). Cuando el vino se había terminado; María dice a quienes servían las mesas: “Haced lo que Él os diga” (Ju 2,5). El pronombre “Él” refiere la persona de Jesús; por eso María dice propiamente: ¡Hacedlo que Jesús os diga!

     Pero, ¿que significa en la vida de María llevar a término lo que Jesús dice? La vida de María es el mejor ejemplo de fidelidad a Jesús. Veámoslo en algunos retazos del evangelio

     El anuncio del nacimiento de Jesús muestra la disponibilidad de María para realizar la voluntad de Dios: “Aquí está la sierva del Señor, hágase en mi según tu palabra” (Lc 1,38). La visita de María a Isabel denota su sevicialidad ante la necesidad del prójimo: “María estuvo con Isabel unos tres meses” (Lc 1,56). La oración del Magnificat, excelente resumen del AT, muestra como palpita en el corazón de María la certeza de que Dios salva a al género humano: “Tomó de la mano a Israel, su siervo, acordándose de su misericordia ... en favor de Abrahán y su descendencia por siempre” (Lc 1,54). La narración del nacimiento de Jesús realza la humildad de María y su ternura con el hijo recién nacido: “lo envolvió en pañales y lo acostó en un pesebre” (Lc 2,7).

     La presentación de Jesús en el Templo y las palabras de Simeón y Ana permiten a María descubrir la dureza y la victoria de la futura misión de Jesús. Dice Simeón: “mis ojos han visto al Salvador ... como luz para iluminar a las naciones” (Lc 2,29-32); y, refiriéndose a María, especifica: “pero a ti una espada te atravesará el alma” (Lc 2,35).

    María no se arredra ante las dificultades que puedan sobrevenirle a causa del seguimiento del Jesús, sino que guarda “todas las cosas en su corazón” (Lc 2,51). Ateniéndonos al lenguaje del AT, “guardar las cosas en el corazón” indica la fidelidad a los compromisos contraídos. Y María dará ejemplo de fidelidad. Acompañará a Jesús durante la predicación (Lc 8,19-21); permanecerá, junto al apóstol Juan, al pie de la cruz donde muere Jesús (Ju 19,25-27); y junto a los apóstoles esperará en el Cenáculo el envío del Espíritu Santo: “Todos perseveraban unánimes en la oración con algunas mujeres, con María la madre de Jesús” (Hch 1,14).

    Continuando la senda abierta por la Sagrada Escritura, la Tradición de la Iglesia se ha referido a María para destacar aspectos cruciales de Jesús. El Concilio de Nicea (325) insistió en la naturaleza divina de Jesús (Ju 1,1); y con toda razón el Concilio de Constantinopla (381) recalcó la naturaleza humana de Jesús (Ju 1,14).

    Sin embargo parecía difícil conjugar ambas posiciones afirmando que Jesús era, a la vez, Dios y hombre verdadero. Entonces surgió un obispo, Nestorio, que afirmó que en la persona de Jesús había dos sujetos distintos. Por una parte estaba el hombre Jesús que padeció el dolor de la flagelación y murió crucificado. Por otra parte, inserto en el cuerpo de Jesús, decía Nestorio, estaba Dios, camuflado bajo el aspecto de la carne corporal; por eso cuando Jesús era azotado o crucificado, quien padecía era sólo su naturaleza humana, el cuerpo de Jesús, mientras su naturaleza divina, protegida por el cuerpo, no sufría dolor alguno.

    Por eso Nestorio sostuvo que María había dado a luz únicamente el cuerpo de Jesús; y que más tarde, quizá durante el bautismo en el Jordán, el Espíritu de Dios se había introducido en el cuerpo de Jesús.

    El Concilio de Éfeso (430) rebatió el error de Nestorio apelando a las palabras de Cirilo de Alejandría: “Jesucristo es una sola persona, un solo sujeto. Todo lo que se dice de Jesucristo se dice del Verbo, porque hay una identidad personal. Jesús y el Verbo no están unidos, sino que son uno y el mismo. Cierto que de esta persona se pueden decir propiedades humanas y divinas. Pero hay que afirmar que María es Madre de Dios, Madre del Verbo; y que el Verbo (Ju 1,1) se encarnó (Ju 1,14) se hizo pasible y murió por nosotros.

    La vida de María remite el horizonte de la vida cristiana al cumplimiento fiel del evangelio, y alienta a los cristianos a reconocer en Jesús la presencia encarnada de Dios entre nosotros. El ejemplo de María orienta nuestra vida hacia el pleno seguimiento de Jesús, el salvador de la humanidad entera.