sábado, 13 de marzo de 2021

¿QUIÉN ES EL PROFETA EZEQUIEL?

 


                                                    Francesc Ramis Darder

                                                    bibliyoriente.blogspot.com



EZEQUIEL: De la creencia rutinaria a la vivencia comprometida de la fe.

 

 

    Las advertencias de Jeremías se cumplieron; pues, aunque Dios permanezca junto a su pueblo no suple la responsabilidad humana. Israel desoyó la predicación de Jeremías y se enfrentó a Nabucodonosor. Las consecuencias fueron nefastas. El monarca conquistó Jerusalén y deportó parte de su población a Babilonia (587 a.C).

 

    El tiempo del exilio fue duro (587-538 aC). Pero la comunidad deportada alentó nuevas instituciones para vivir su fe durante la prueba del destierro. De ese modo el sufrimiento del exilio alumbró una nueva manera de expresar la fe en el Dios liberador.

 

    Los israelitas habían perdido su tierra, pues el reino de Judá se había convertido en una provincia del imperio babilónico. Al carecer de tierra buscaron un signo que les identificara como judíos. La circuncisión era un antiguo rito de iniciación, pero a partir del exilio devino el signo distintivo de todo judío varón.

 

    La comunidad deportada carecía de Templo, y entonces comenzó a reunirse en las casas para orar. Esas reuniones constituyen el embrión de la sinagoga. Tampoco podían celebrar sus fiestas religiosas, por eso valoraron el sábado como el día privilegiado en que adorar al Señor.

 

    Cuando vivían en Palestina, el sacerdocio se reducía a la función material de sacrificar animales en el Templo, o a la tarea de presentar ofrendas vegetales que ardían en honor del Señor. Durante el exilio, al no poder ofrecer sacrificios, los sacerdotes se consagraron a la instrucción del pueblo y a la plegaria, y se convirtieron en los guías de la comunidad.

 

    Un golpe para los deportados fue la caída de la institución monárquica, pues el rey representaba en Israel un papel importante: era el mediador entre Dios y su pueblo. Ante la falta de rey, Israel confió en que el Señor fuera el único rey de Israel (Is 43,14-15).

                                                                                                                               

    El Señor no abandonó a su pueblo en el exilio. Le sostuvo mediante el ministerio de Ezequiel. El profeta, cuyo nombre significa “Dios es mi fuerza”, era sacerdote hijo de Buzí (Ez 1,3), por eso conocía los entresijos del Templo y los ritos litúrgicos. Fue desterrado a Babilonia por el rey Nabucodonosor en el año 587 a.C.

 

    Ezequiel se estableció con los primeros exiliados junto al río Quebar, y allí recibió la llamada del Señor para confortar al pueblo abatido (Ez 1,1-5). Ezequiel pertenecía a una familia sacerdotal, pero al recibir la llamada del Señor cambió su manera de ejercer el ministerio, no se dedicaría a sacrificar animales sino que predicaría la exigencia y el consuelo del Señor entre los deportados.

 

   La misión de Ezequiel se desarrolló en dos fases. Durante la primera etapa, Ezequiel censura a los exiliados su mala conducta y su idolatría. Les recuerda sin cesar que su oprobio es la consecuencia de su pecado, y les exige la conversión (Ez 5,5-16). En el invierno del año 588 a.C. recibió la noticia del nuevo asedio de Jerusalén (Ez 24,1-2). Poco después murió su esposa, y el profeta enmudeció hasta la llegada de un fugitivo que le anunció la caída de la Ciudad Santa (Ez 24,27; 33,22). La pérdida de Jerusalén truncó la esperanza de los deportados y quebró su confianza en el Señor.

 

      La nueva situación hizo que Ezequiel cambiara el contenido de su mensaje. Tras haber censurado los pecados del pueblo; ahora, al verle postrado por el dolor del exilio, comienza la segunda fase de su predicación. Ezequiel proclama que no todo está perdido, anuncia que en el sufrimiento puede brotar una nueva relación con Dios, en definitiva el profeta barrunta el surgimiento del pueblo nuevo.

 

    Ezequiel no se limitó al uso de la palabra para proclamar el mensaje salvador; también utilizó gestos simbólicos (Ez 21,23-26), describió la experiencia de su vida (Ez 24,15-27) y explicó numerosas visiones (Ez 37,1-14). Su influencia fue crucial para los deportados y determinante en quienes regresaron. A los primeros les infundió coraje y a los segundos les dio clarividencia para reedificar Jerusalén, no como la capital del estado sino como una comunidad fraterna.

 

     El exilio fue la ocasión privilegiada para el encuentro personal entre Dios y su pueblo. Varios elementos transformaron la creencia rutinaria en la vivencia comprometida de la fe: la certeza de que sólo Dios es el Señor, el nacimiento de una comunidad guiada por sacerdotes comprometidos en el ministerio pastoral, la constancia en la plegaria, la formación en la sinagoga, la santificación del Sábado, la recuperación de la identidad religiosa, y, sobre todo, el descubrimiento de la necesidad de implicarse, en nombre de Dios, en la transformación de la sociedad.

 

    El ambiente social que vivimos hace que el cristianismo tienda a desenvolverse en condiciones análogas a las sufridas por Israel en el exilio. El pueblo desterrado no se amilanó ante la adversidad, supo crear, en medio de la prueba, las condiciones idóneas para el resurgir de la fe. Nuestra Iglesia también puede y debe hacerlo hoy para convertirse en la levadura que haga germinar el Reino de Dios en el seno de nuestro mundo.

 

 

 

                                                   

martes, 2 de marzo de 2021

FRASES BÍBLICAS MARZO

 


                                                                   Francesc Ramis Darder

                                                                   bibliayoriente.blogspot.com



Domingo Tercero de Cuaresma 7 Marzo

El Señor dijo a su pueblo en el desierto: “No tendrás otros dioses fuera de mí” (Ex 20,2)

¿Tengo otros dioses distintos del Señor? ¿Quizá: la superficialidad en la vida o el egoísmo?

 

Domingo Cuarto de Cuaresma 14 Marzo

“El que obra la verdad se acerca a la luz, para que se vea que sus obras están hechas según Dios” (Ju 3,21).

¿Procuro que sea mi vida un testimonio luminoso del Evangelio?

 

Domingo Quinto de Cuaresma 21 Marzo

“Pondré mi ley en su interior y la escribiré en sus corazones; yo seré su Dios y ellos serán mi pueblo” (Jr 31,33).

¿Soy consciente, como cristiano que Dios ha escrito su evangelio en mi corazón?

 

Domingo de Ramos 28 Marzo

“Verdaderamente este hombre era Hijo de Dios” (Mc 15,39)

Durante la Semana Santa encontremos tiempo para leer y meditar la Pasión del Señor según los evangelio de Marcos y Juan.


viernes, 19 de febrero de 2021

LAUDATO SI

 


                                                               Francesc Ramis Darder

                                                               bibliayoriente.blogspot.com


    Laudato SI



sábado, 13 de febrero de 2021

CUARESMA 2021

 

                                                              Francesc Ramis Darder

                                                              bibliayoriente.blogspot.com



   MENSAJE DEL SANTO PADRE FRANCISCO

PARA LA CUARESMA 2021

 

«Mirad, estamos subiendo a Jerusalén...» (Mt 20,18).
Cuaresma: un tiempo para renovar la fe, la esperanza y la caridad.

 

Queridos hermanos y hermanas:

Cuando Jesús anuncia a sus discípulos su pasión, muerte y resurrección, para cumplir con la voluntad del Padre, les revela el sentido profundo de su misión y los exhorta a asociarse a ella, para la salvación del mundo.

Recorriendo el camino cuaresmal, que nos conducirá a las celebraciones pascuales, recordemos a Aquel que «se humilló a sí mismo, hecho obediente hasta la muerte, y una muerte de cruz» (Flp 2,8). En este tiempo de conversión renovemos nuestra fe, saciemos nuestra sed con el “agua viva” de la esperanza y recibamos con el corazón abierto el amor de Dios que nos convierte en hermanos y hermanas en Cristo. En la noche de Pascua renovaremos las promesas de nuestro Bautismo, para renacer como hombres y mujeres nuevos, gracias a la obra del Espíritu Santo. Sin embargo, el itinerario de la Cuaresma, al igual que todo el camino cristiano, ya está bajo la luz de la Resurrección, que anima los sentimientos, las actitudes y las decisiones de quien desea seguir a Cristo.

El ayuno, la oración y la limosna, tal como los presenta Jesús en su predicación (cf. Mt 6,1-18), son las condiciones y la expresión de nuestra conversión. La vía de la pobreza y de la privación (el ayuno), la mirada y los gestos de amor hacia el hombre herido (la limosna) y el diálogo filial con el Padre (la oración) nos permiten encarnar una fe sincera, una esperanza viva y una caridad operante.

1. La fe nos llama a acoger la Verdad y a ser testigos, ante Dios y ante nuestros hermanos y hermanas.

En este tiempo de Cuaresma, acoger y vivir la Verdad que se manifestó en Cristo significa ante todo dejarse alcanzar por la Palabra de Dios, que la Iglesia nos transmite de generación en generación. Esta Verdad no es una construcción del intelecto, destinada a pocas mentes elegidas, superiores o ilustres, sino que es un mensaje que recibimos y podemos comprender gracias a la inteligencia del corazón, abierto a la grandeza de Dios que nos ama antes de que nosotros mismos seamos conscientes de ello. Esta Verdad es Cristo mismo que, asumiendo plenamente nuestra humanidad, se hizo Camino —exigente pero abierto a todos— que lleva a la plenitud de la Vida.

El ayuno vivido como experiencia de privación, para quienes lo viven con sencillez de corazón lleva a descubrir de nuevo el don de Dios y a comprender nuestra realidad de criaturas que, a su imagen y semejanza, encuentran en Él su cumplimiento. Haciendo la experiencia de una pobreza aceptada, quien ayuna se hace pobre con los pobres y “acumula” la riqueza del amor recibido y compartido. Así entendido y puesto en práctica, el ayuno contribuye a amar a Dios y al prójimo en cuanto, como nos enseña santo Tomás de Aquino, el amor es un movimiento que centra la atención en el otro considerándolo como uno consigo mismo (cf. Carta enc. Fratelli tutti, 93).

La Cuaresma es un tiempo para creer, es decir, para recibir a Dios en nuestra vida y permitirle “poner su morada” en nosotros (cf. Jn 14,23). Ayunar significa liberar nuestra existencia de todo lo que estorba, incluso de la saturación de informaciones —verdaderas o falsas— y productos de consumo, para abrir las puertas de nuestro corazón a Aquel que viene a nosotros pobre de todo, pero «lleno de gracia y de verdad» (Jn 1,14): el Hijo de Dios Salvador.

2. La esperanza como “agua viva” que nos permite continuar nuestro camino   

La samaritana, a quien Jesús pide que le dé de beber junto al pozo, no comprende cuando Él le dice que podría ofrecerle un «agua viva» (Jn 4,10). Al principio, naturalmente, ella piensa en el agua material, mientras que Jesús se refiere al Espíritu Santo, aquel que Él dará en abundancia en el Misterio pascual y que infunde en nosotros la esperanza que no defrauda. Al anunciar su pasión y muerte Jesús ya anuncia la esperanza, cuando dice: «Y al tercer día resucitará» (Mt 20,19). Jesús nos habla del futuro que la misericordia del Padre ha abierto de par en par. Esperar con Él y gracias a Él quiere decir creer que la historia no termina con nuestros errores, nuestras violencias e injusticias, ni con el pecado que crucifica al Amor. Significa saciarnos del perdón del Padre en su Corazón abierto.

En el actual contexto de preocupación en el que vivimos y en el que todo parece frágil e incierto, hablar de esperanza podría parecer una provocación. El tiempo de Cuaresma está hecho para esperar, para volver a dirigir la mirada a la paciencia de Dios, que sigue cuidando de su Creación, mientras que nosotros a menudo la maltratamos (cf. Carta enc. Laudato si’32-33;43-44). Es esperanza en la reconciliación, a la que san Pablo nos exhorta con pasión: «Os pedimos que os reconciliéis con Dios» (2 Co 5,20). Al recibir el perdón, en el Sacramento que está en el corazón de nuestro proceso de conversión, también nosotros nos convertimos en difusores del perdón: al haberlo acogido nosotros, podemos ofrecerlo, siendo capaces de vivir un diálogo atento y adoptando un comportamiento que conforte a quien se encuentra herido. El perdón de Dios, también mediante nuestras palabras y gestos, permite vivir una Pascua de fraternidad.

En la Cuaresma, estemos más atentos a «decir palabras de aliento, que reconfortan, que fortalecen, que consuelan, que estimulan», en lugar de «palabras que humillan, que entristecen, que irritan, que desprecian» (Carta enc. Fratelli tutti [FT], 223). A veces, para dar esperanza, es suficiente con ser «una persona amable, que deja a un lado sus ansiedades y urgencias para prestar atención, para regalar una sonrisa, para decir una palabra que estimule, para posibilitar un espacio de escucha en medio de tanta indiferencia» (ibíd., 224).

En el recogimiento y el silencio de la oración, se nos da la esperanza como inspiración y luz interior, que ilumina los desafíos y las decisiones de nuestra misión: por esto es fundamental recogerse en oración (cf. Mt 6,6) y encontrar, en la intimidad, al Padre de la ternura.

Vivir una Cuaresma con esperanza significa sentir que, en Jesucristo, somos testigos del tiempo nuevo, en el que Dios “hace nuevas todas las cosas” (cf. Ap 21,1-6). Significa recibir la esperanza de Cristo que entrega su vida en la cruz y que Dios resucita al tercer día, “dispuestos siempre para dar explicación a todo el que nos pida una razón de nuestra esperanza” (cf. 1 P 3,15).

3. La caridad, vivida tras las huellas de Cristo, mostrando atención y compasión por cada persona, es la expresión más alta de nuestra fe y nuestra esperanza.

La caridad se alegra de ver que el otro crece. Por este motivo, sufre cuando el otro está angustiado: solo, enfermo, sin hogar, despreciado, en situación de necesidad… La caridad es el impulso del corazón que nos hace salir de nosotros mismos y que suscita el vínculo de la cooperación y de la comunión.

«A partir del “amor social” es posible avanzar hacia una civilización del amor a la que todos podamos sentirnos convocados. La caridad, con su dinamismo universal, puede construir un mundo nuevo, porque no es un sentimiento estéril, sino la mejor manera de lograr caminos eficaces de desarrollo para todos» (FT, 183).

La caridad es don que da sentido a nuestra vida y gracias a este consideramos a quien se ve privado de lo necesario como un miembro de nuestra familia, amigo, hermano. Lo poco que tenemos, si lo compartimos con amor, no se acaba nunca, sino que se transforma en una reserva de vida y de felicidad. Así sucedió con la harina y el aceite de la viuda de Sarepta, que dio el pan al profeta Elías (cf. 1 R 17,7-16); y con los panes que Jesús bendijo, partió y dio a los discípulos para que los distribuyeran entre la gente (cf. Mc 6,30-44). Así sucede con nuestra limosna, ya sea grande o pequeña, si la damos con gozo y sencillez.

Vivir una Cuaresma de caridad quiere decir cuidar a quienes se encuentran en condiciones de sufrimiento, abandono o angustia a causa de la pandemia de COVID-19. En un contexto tan incierto sobre el futuro, recordemos la palabra que Dios dirige a su Siervo: «No temas, que te he redimido» (Is 43,1), ofrezcamos con nuestra caridad una palabra de confianza, para que el otro sienta que Dios lo ama como a un hijo.

«Sólo con una mirada cuyo horizonte esté transformado por la caridad, que le lleva a percibir la dignidad del otro, los pobres son descubiertos y valorados en su inmensa dignidad, respetados en su estilo propio y en su cultura y, por lo tanto, verdaderamente integrados en la sociedad» (FT, 187).

Queridos hermanos y hermanas: Cada etapa de la vida es un tiempo para creer, esperar y amar. Este llamado a vivir la Cuaresma como camino de conversión y oración, y para compartir nuestros bienes, nos ayuda a reconsiderar, en nuestra memoria comunitaria y personal, la fe que viene de Cristo vivo, la esperanza animada por el soplo del Espíritu y el amor, cuya fuente inagotable es el corazón misericordioso del Padre.

Que María, Madre del Salvador, fiel al pie de la cruz y en el corazón de la Iglesia, nos sostenga con su presencia solícita, y la bendición de Cristo resucitado nos acompañe en el camino hacia la luz pascual. 

Roma, San Juan de Letrán, 11 de noviembre de 2020, memoria de san Martín de Tours.

 

Francisco

 



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martes, 9 de febrero de 2021

TERNURA

 

                                                       Francesc Ramis Darder

                                                       bibliayoriente.blogspot.com

 

El Señor envió al profeta Jeremías al taller del alfarero para que viera la delicadeza del artesano para modelar vasijas. De pronto, un cuenco se rajó en el torno, pero el alfarero no lo desechó, recomenzó la obra con el mismo fango. Entonces, dijo el Señor: “Como está la arcilla en manos del alfarero, así estáis vosotros en mis manos, pueblo de Israel” (Jr 18,6). La metáfora sugiere la espiritualidad del Antiguo Testamento: Dios, el alfarero, tiene nombre propio, el Señor; la bondad y la misericordia evocan las manos de Dios que, como buen artesano, modela a su pueblo; la arcilla simboliza la identidad de Israel, el pueblo de Dios; mientras el torno insinúa la historia humana, el escenario donde el Señor cincela su comunidad.

 

    Ahora bien, ¿qué aspecto desea conferir a su pueblo? El libro de Isaías ofrece la respuesta: “Así dice el Señor […] el que te formó, Israel […] que creé para mi gloria” (Is 43,1-7). Cuando el Señor, eco del alfarero, modela Israel no forma una comunidad cualquiera, sino al pueblo que refleja la gloria de Dios en la sociedad humana.

 

    Las manos con que Dios configura Israel son espirituales; así lo subraya el libro del Éxodo: Dios clemente y misericordioso, paciente, lleno de amor y fiel” (Ex 34,6). En hebreo, la palabra “misericordia” señala “el seno materno”; y en sentido metafórico, alude al sentimiento amoroso que vincula a las personas por lazos de sangre o de corazón, como la madre y el padre con sus hijos, o a un hermano con otro.

 

    Aunque el Señor quiere modelar a su pueblo, Israel es reacio a la misericordia divina. Así lo lamentó el Señor ante Moisés: “¿Hasta cuándo este pueblo se negará a creerme después de todos los prodigios que he realizado en su presencia?” (Nm 14,11). Sin embargo, Moisés intercedió ante el Señor: “Perdona el pecado de este pueblo por tu gran misericordia”; y Dios respondió: “Le voy a perdonar como tú dices” (Nm 14,19-20). La clemencia representa la constancia de Dios por modelar al pueblo que rechaza su caricia, manifiesta la “paciencia” de Dios por tornear Israel a su imagen y semejanza.

 

    Ahondando en la cuestión, el Señor también es “fiel” y “lleno de amor”. Como sabemos, la decisión de amar a alguien entraña el compromiso de buscar su bien. Así lo manifestó Dios a su pueblo en el desierto: “El Señor  […] os eligió […] no porque fuerais más numerosos que los demás pueblos […] sino por el amor que os tiene” (Dt 7,7-8). Cuando la Escritura sentencia que Dios ama con fidelidad, certifica que es posible fiarse siempre de su bondad. Misericordia y clemencia, amor y fidelidad son las manos con que Dios modela a su pueblo para convertirlo en testigo de la bondad divina en la sociedad humana.

 

    No obstante, tanto el alfarero como el Señor topaban con el mismo problema: si el fango no está húmedo, se desgarra y se rompe. ¿Qué simboliza la sequedad del fango? La sequedad ilustra la desgracia del hombre seducido por los falsos dioses (Is 1,28).

 

    Cuando queremos saber quienes son los falsos dioses, escuchamos el  Deuteronomio: “Cuando el  Señor, tu Dios, te introduzca en esa tierra buena [...] no te olvides del Señor tu Dios [...] cuando se multiplique tu ganado, tu plata, tu oro, y todos tus bienes, que no se engría tu corazón y te olvides del Señor […] Y no digas: ‘Con mis propias fuerzas he conseguido todo esto’. Acuérdate del Señor; él es quien te ha dado la fuerza” (Dt 8,7-18). Los falsos dioses son tres, a saber, el afán de poder: “con mis propias fuerzas he conseguido todo esto”; el ansia por acaparar bienes sin medida: “cuando se multiplique tu ganado”; y el engreimiento por aparentar lo que no somos: “Y no digas”.

 

    La idolatría consiste en huir de las manos de Dios para entregarse al poder, el tener y la apariencia; por eso la idolatría es pecado, pues aleja al hombre del regazo divino para destruirlo entre las garras de los falsos dioses. La idolatría acarrea la infelicidad, pues por mucho que medremos, siempre hay alguien más poderoso, más pudiente y con más prestancia que nosotros; esta infelicidad se denomina en la Biblia “sequedad”, la consecuencia del pecado que deshace el alma de cualquier persona.

   

    Ahora bien, la huella del pecado y la impronta de la misericordia divina no pesan igual en el aspecto del ser humano, lo crucial es el reflejo del amor de Dios y no las heridas del  pecado. Cuando el fango reseco se rompía, el alfarero no lo desechaba, volvía a transformarlo en un vaso mejor (Jr 18,1-10). Cuando Israel huía de Dios para abrazarse a los ídolos, quedaba seco; pero el Señor no lo abandonaba, le perdonaba para devolverle la vida. Al parangonar la historia de Israel con nuestra vida, podemos mirar los golpes del pecado desde la perspectiva divina, pues a los ojos de Dios incluso las marcas del pecado son el contraluz del perdón que nos ha concedido.

 

    La ternura y la misericordia de Dios modelaron la historia de Israel y cincelan la vida cristiana. Quien opta por el amor vivirá siempre en las manos del Señor, el Alfarero de la Vida: “Nos hiciste Señor para ti, y nuestro corazón no descansará hasta que repose en ti” (s. Agustín).


lunes, 1 de febrero de 2021

FRASES BÍBLICAS FEBRERO

 

                                                            Francesc Ramis Darder

                                                            bibliayoriente.blogspot.com



Domingo 7 Febrero

“¡Ay de mí si no anuncio el Evangelio!” (1Cor 9,16).

Anunciar el Evangelio implica el compromiso de proclamarlo con nuestra palabra y con el testimonio de nuestra vida cristiana, ¿soy consciente de esta responsabilidad?

 

Domingo 14 Febrero

“Hermanos, hacedlo todo a mayor gloria de Dios” (1Cor 10,31)

Damos gloria a Dios cuando damos testimonio con el ejemplo de nuestra vida de la verdad del Evangelio, ¿soy consciente de la exigencia cristiana?

 

Domingo 21 Febrero, primer domingo de Cuaresma.

Dijo Jesús a sus discípulos: “Convertíos y creed en el Evangelio” (Mc 1,15)

Nuestra conversión comienza cuando ponemos toda la confianza en Dios, ¿confío del todo en el Señor?

 

Domingo 28 Febrero, segundo domingo de Cuaresma.

“Desde el interior de la nube, se escuchó una voz que decía: Este es mi Hijo amado; escuchadlo” (Mc 10,7)

Escuchar a Jesús, el Hijo amado, implica vivir el Evangelio, ¿Cómo vivo la Buena Nueva? 

                                           

domingo, 17 de enero de 2021

MESOPOTAMIA

 



                                                    Francesc Ramis Darder

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lunes, 11 de enero de 2021

MARÍA, HERMANA DE MOISÉS

 

                                                                          Francesc Ramis Darder

                                                                          bibliayoriente.blogspot.com


  

    La identidad de María puede entreverse a través de las listas genealógicas del AT. Como narra la historia cronista, un hijo de Leví, Queat, engendró a Amrán, de quien nacieron: Aarón, Moisés y María (1Cr 5,29). Conviene señalar que la lista genealógica de la tribu de Leví sólo refiere la identidad de una mujer: María (1Cr 5,27-6,38); el detalle pone de manifiesto la especial relevancia de María.

 

    El libro de los Números ahonda en la ascendencia de María: la mujer de Amrán se llamaba Yoquébed, hija de Leví, que le nació a Leví en Egipto, Amrán tuvo con ella a Aarón, a Moisés y María su hermana (Nm 26,59). El texto recalca la ascendencia levítica de María, hermana de Aarón y Moisés, y el lugar de nacimiento de su madre, Egipto.

 

    Las genealogías del libro del Éxodo acotan la descendencia de Amrán y Yoquébed a los hijos varones: Aarón y Moisés (Ex 6,20). Cuando el libro relata la ocasión en que la madre de Moisés escondió a su hijo en la cesta que puso entre los juncos del Río, subraya como la hermana del niño se apostó a lo lejos para ver en que paraba todo; ahora bien, a pesar de la mención de los hermanos, el texto omite sus nombres: Moisés y María (Ex 2,1-4).

 

    Según 1Cr 5,29 y Nm 25,59 la única hermana de Moisés es María, y a tenor de Ex 2,4 la hermana de Moisés tendría que ser mayor que él, de lo contrario ¿como podría apostarse junto al Río si fuera menor que el recién nacido? Así pues, cabe pensar que 1Cr 5,29 y Nm 25,59 no mencionan a María en tercer lugar, después de Aarón y Moisés, para indicar que fuera la hermana menor, sino que la colocarían en tercer lugar en razón del protocolo que situaba la condición femenina en el último escalón; como es evidente, el texto disimula la relevancia de María respecto de Moisés y Aarón.

 

    Como hemos señalado, el relato de la cesta de mimbre no menciona el nombre de la hermana de Moisés, María; y, por si fuera poco, el libro del Éxodo se refiera a María tan sólo como hermana de Aarón: “María la profetisa, hermana de Aarón” (Ex 15,20). La mención de la hermandad entre María y Moisés, asentada en Crónicas y Números, desaparece; pues a excepción de 1Cr 5,29 y Nm 25,29 ningún otro texto señala el parentesco entre Moisés y María.

 

   ¿A que se debe la decisión de relegar el papel de María? A nuestro entender, el desaire no es casual, sino deliberado. Con la intención de recalcar la grandeza de Moisés, los redactores de libro del Éxodo, varones insignes, mitigaron la relevancia de María. Sin embargo, al ahondar entre las líneas del libro, aún apreciamos la importancia de María, ensombrecida por la magnificencia de Moisés. Veámoslo

 

    Como narra el libro del Éxodo, el faraón, temeroso de los hebreos esclavizados en Egipto, proclamó un edicto: “A todo niño recién nacido (hebreo) arrojadlo al Río; pero a las niñas, dejadlas con vida” (Ex 1,22). En esta coyuntura, un hombre de la casa de Leví (Amrán) tomó por mujer una hija de Leví (Yoquébed). La mujer concibió y dio a luz un hijo (Moisés). La orden del faraón determinaba la muerte de la criatura; pero la madre, ansiosa por salvarlo, metió al niño en una cestilla que depositó entre los juncos del Río. La hermana del niño (María) se apostó a lo lejos para ver lo que pasaba.

 

    Cuando la hija del faraón bajó a bañarse en el Río, vio la cestilla. Al abrirla, exclamó: “Es un niño hebreo” (Ex 2,6). La princesa sabía que la muerte era el destino de los niños hebreos, pero se compadeció de la criatura. De pronto, la hermana del niño (María) se presentó ante la princesa con una propuesta sorprendente: “¿Quieres que vaya a buscarte una nodriza hebrea para que te críe este niño?” (Ez 2,7).

 

    La hija del faraón aceptó la oferta, y la hermana le presentó a la madre del niño (Yoquébed). La madre crió a su propio hijo (Moisés) y, cuando se hizo grandecito, se lo llevó a la hija del faraón, la cual lo adoptó y le dio el nombre de Moisés. Conviene notar que el relato omite el nombre de los protagonistas de la historia, con excepción del niño a quien la princesa llamará Moisés.

 

    La ingenuidad del relato trasparenta la importancia de María por cuanto concierne a la misión de Moisés. La madre del niño (Yoquébed), en connivencia con la hermana (María), burla la orden del faraón para salvar la vida de la criatura que debía morir ahogada. Aunque desconozcamos la legislación, cabe pensar que la desobediencia a la orden faraónica ponía en riesgo la vida del culpable; así pues, la hermana puso en jaque su propia vida para que Moisés conservara la suya.

 

    Cuando Moisés era mayor, constató los duros trabajos que soportaban los hebreos. Como narra la Escritura, auxilió a los de su raza: mató a un egipcio que maltrataba un hebreo e intentó calmar las rencillas entre los hombres de su pueblo. La actitud de Moisés suscitó el recelo del faraón que instó su ejecución. Moisés huyó al país de Madián, donde conoció a Reuel y contrajo matrimonio con Séfora, su hija.

 

    Ahora bien, mientras Moisés recibía una educación principesca, María soportaba, junto al resto de hebreos, la tiranía egipcia (Ex 2,23); Moisés pudo escapar de la persecución del faraón, pero María tuvo que permanecer bajo el despotismo egipcio.

 

    María, como el resto de su pueblo, imploró el auxilio divino, hasta que Dios escuchó su clamor e intervino (Ex 2,24-25). Como sabemos, el Señor se reveló a Moisés en el monte Horeb para enviarle a Egipto, en compañía de su hermano Aarón, para liberar a los hebreos sometidos a esclavitud. Moisés se convertirá en el libertador, pero será el clamor de los oprimidos, entre quienes se encuentra María, el que suscitará la intervención divina en bien de quienes sufren la esclavitud en Egipto.

 

    Moisés liberó al pueblo y lo condujo hasta el mar; las aguas se abrieron, el ejército egipcio sucumbió entre las olas, mientras los hebreos cruzaron las aguas a pie enjuto.    Cuando el pueblo liberado alcanzó la otra orilla, Moisés y todos los israelitas entonaron un cántico triunfal en honor del Señor (Ex 15,1-18). Concluido el cántico, el relato menciona la identidad de María, hermana de Moisés, por vez primera vez en el libro del Éxodo. María, la profetisa, hermana de Aarón, tomó en sus manos un pandero, y todas las mujeres la seguían con panderos, bailando; y María les respondía: “¡Cantad al Señor, por la gloria de su victoria; caballos y jinetes precipitó en el mar!” (Ex 15,21).

 

    El cántico triunfal, entonado por Moisés y la asamblea, sugiere sobre todo la experiencia de los libertadores; recordemos que Moisés, protagonista de la liberación y vocero del cántico, no había palpado en sus carnes el penar del esclavo. A modo de contrapunto, el testimonio de María, eco de la algazara de las mujeres, traspira el aire de quienes fueron esclavos, pues mientras Moisés crecía como un príncipe, María, voz del cantar femenino, sufría el oprobio junto al Nilo.

 

    María sabe del penar del esclavo, pero también ha desempeñado una tarea relevante en la liberación de su pueblo. Su intervención fue decisiva para la salvación de Moisés, el libertador elegido, mientras su plegaria, unida a la comunidad cautiva, suscitó la decisión divina de enviar a Moisés para salvar al pueblo doliente. La figura de María encarna el compromiso de los oprimidos que luchan por su liberación.

 

    El libro del Éxodo es parco en el uso del término ‘profeta’, sólo aparece dos veces. La primera denota la relación entre Aarón y Moisés; dijo Dios a Moisés: “Mira yo te hago un dios para el faraón y tu hermano Aarón será tu profeta; tú le dirás cuanto yo te mande; y Aarón, tu hermano, se lo dirá al faraón” (Ex 7,1-2). En definitiva, Dios habla a Moisés, Moisés se lo comunica a Aarón quien a su vez lo hace saber al faraón; es decir, Aarón es el profeta de Moisés porque habla por boca de Moisés para anunciar al rey de Egipto la voluntad divina.

 

    La segunda vez que aparece el término ‘profeta’ lo hace en femenino, ‘profetisa’, para caracterizar la función de María en el seno de la asamblea liberada. La profetisa refiere a las mujeres, por una parte, lo que Dios ha hecho en bien de su pueblo: “caballo y jinete precipitó en el mar”; y, por otra, invita a las mujeres a la alabanza divina: “¡Cantad al Señor, por la gloria de su victoria!”. Así como Aarón comunicaba al faraón la palabra de Moisés, calco de la voluntad divina, María hace saber a las mujeres la forma en que el Señor ha derrotado a los enemigos: Aarón es el profeta de Moisés, pero María es la profetisa de Dios que comunica el gozo de la salvación al pueblo liberado.

 

    María representa la voz de los oprimidos que luchan por la libertad. Bajo la mención de la plegaria de los esclavos, entre quienes se cuenta María, palpita la solidaridad comunitaria, y bajo la astucia de la hermana (María) ante la princesa late la lucha de los siervos por su propia liberación. Aún así, el ejemplo de María, modelo de combate por la libertad, queda ensombrecido por la prestancia de Moisés; pero, cabe pensar ¿qué hubiera sucedido con el libertador, si la hermana no hubiera vigilado la cesta de mimbre?

 

    Como hemos expuesto, libro del Éxodo pretende oscurecer, sin conseguirlo del todo, la personalidad de María para resaltar la grandeza de Moisés. Veremos ahora como el libro de los Números intenta ensalzar la identidad de Aarón a costa de la figura de María. El libro relata la disputa de María y Aarón con Moisés. María y Aarón murmuraron contra Moisés a causa de la mujer cusita que el libertador había tomado por esposa (Nm 12).

 

    Al decir de la Escritura, Moisés contrajo matrimonio con Seforá, hija de Raguel, sacerdote de Madián, Ahora bien, María y Aarón le recriminan el matrimonio con una cusita. ¿A que mujer se refieren? Según el sentido habitual, el país de Cus corresponde a Etiopía, pero en la profecía de Habacuc, la región de Cusán se identifica con Madián (Hab 3,7); desde esta perspectiva, Cusán, o Cus, podría ser la designación arcaica de Madián. Así pues, María y Aarón podrían estar censurando el matrimonio de Moisés con Seforá, la madianita. ¿Por qué motivo?

 

    Aunque Moisés fuera hebreo, descendiente de Leví, había recibido la educación de un príncipe egipcio, y su matrimonio con Seforá, hija de un sacerdote de Madián, le habría imbuido en la cultura y la religiosidad madianita. Aún siendo hebreo, Moisés tenía una formación extranjera, egipcia y madianita. Así pues, quizá cabe pensar que pudiera desempeñar la misión de guiar al pueblo desde parámetros un tanto ajenos a la mentalidad hebrea, egipcios y madianitas. Desde este ángulo, la protesta de Aarón y María no censuraría el matrimonio de Moisés como tal, sino los modales distantes de la idiosincrasia hebrea que caracterizarían la conducta del libertador.

 

    Así lo certifica la crítica de Aarón y María, cuando censuran la arrogancia de Moisés: “¿Acaso ha hablado el Señor sólo con Moisés? ¿No ha hablado también con nosotros?” (Nm 12,2). Ambos reivindican su papel como interlocutores de Dios y, por tanto, su función como guías de la comunidad peregrina. El mismo relato confirma la dignidad de Aarón y María para desempeñar un papel relevante, pues Dios también se dirigió a María y Aarón: “el Señor dijo a Moisés, a Aarón y a María […]” (Nm 12,4).

 

    Aarón y María desempeñaron un papel determinante en la liberación del pueblo. El empeño de María fue decisivo: su valentía posibilitó que Moisés, oculto en la cestilla, conservara la vida. La tarea de Aarón también fue esencial: su papel de intermediario entre Moisés y el faraón determinó, en buena medida, la salida de Egipto. Cuando Aarón y María reivindican ante Moisés su relevancia dirigente, están cargados de razón; sobre todo, si Moisés, deudo de su educación, rige la comunidad con acento extranjero, obviando, quizá, las costumbres hebreas.

 

    No obstante, el hilo del relato parece desoír la queja de María y Aarón mientras exalta la grandeza de Moisés. El libertador aparece como “el más humilde de los hombres”, el que habla con Dios boca a boca y contempla la imagen divina (Ex 12,3.6-7ª). A modo de contraluz, la narración pone en boca de Dios la severa censura contra la conducta de Aarón y María; pero, sorprendentemente, el furor divino descarga su ira tan sólo sobre María para herirla con el flagelo de la lepra: “María advirtió que estaba leprosa” (Ex 12,10).

 

    De inmediato, surge una pregunta: ¿Por qué el redactor del libro subraya que Dios se ceba con María y deja impune a Aarón? A decir de los comentaristas, el ascendente sacerdotal de Aarón determinó que el autor de la epopeya del Éxodo viera con malos ojos que el sacerdote por excelencia, Aarón, contrajera la lepra como castigo divino; por esa razón, habría suprimido la mención de la lepra que, según la tradición original, también habría recaído sobre el hermano de Moisés.

 

    Sin desdeñar la posición de los eruditos, cabe otra interpretación. El relato enfatiza que fue María quien incitó la disputa, el texto dice literalmente: “Habló María con Aarón contra Moisés” (Ex 12,1); tal vez por esa razón, el autor del relato descargue el  castigo divino sobre María y exima a Aarón de cualquier reproche. Ahora bien, la frase subraya, y eso es lo importante, que fue María quien suscitó la protesta contra Moisés. Aarón juega un papel subordinado, sólo tras escuchar a María toma parte en la queja contra Moisés. La posición de María determina la protesta contra las formas extranjeras con que Moisés dirige el destino de la comunidad liberada; quizá por eso el redactor del libro derrame el furor divino sobre María y deje indemne la complicidad de Aarón.  

     

    Atento al dolor de María, Aarón implora el perdón divino por el pecado que ambos han cometido: la crítica contra Moisés, el siervo de Dios. Entonces Moisés, el mediador divino, suplica la curación. Al decir del relato, Dios accede, pero señala un matiz: “Que permanezca siete días fuera del campamento, después será admitida de nuevo” (Nm 12,14). Como señala la narración, María quedó siete días fuera del campamento; pero el pueblo no partió hasta que ella pudo reintegrase en la asamblea peregrina.

 

    El pueblo obedece a Moisés y respeta a Aarón, pero sólo emprende la ruta cuando llega María. ¿Por qué motivo? Como expusimos, María compartió la vida de los esclavos, mientras Moisés crecía en palacio; y, también ella, como acabamos de ver, levantó la voz contra la arbitrariedad de Moisés. Sin duda, la dimensión profética de María radica en la decisión de convertirse en la voz de los que más han sufrido en Egipto y en el clamor de quienes son desdeñados por la autoridad israelita; por esa razón, el pueblo aguarda el regreso de su mejor valedor: María, la profetisa.

 

    Aunque los relatos dejen a María a la sombra de Moisés y Aarón, la Escritura compensa la afrenta concediéndole un título solemne: “la profetisa” (Ex 15,20). Si comenzamos a leer la Biblia por la primera página, constataremos que María es la tercera persona reconocida como profeta: el primero es Abrahán (Gn 20,7) y el segundo es Aarón (Ex 7,1).

 

   Apurando el análisis, el profetismo de María también evoca el de Abrahán. El Génesis adscribe el profetismo de Abrahán a su capacidad de interceder por el bien del rey de Guerar. Como subraya el relato, dijo Dios al monarca: “Este hombre (Abrahán) es un profeta, él rogará por ti para que vivas” (Gn 20,7). El profetismo de María también esconde, en buena medida, la función intercesora; pues, mediante la reivindicación y la crítica, intercede en favor del pueblo peregrino, a veces desdeñado por el talante autoritario de Moisés.

 

    El libro de los Números certifica que María murió en Cadés, y que allí fue sepultada (Nm 20,1). El Deuteronomio, recordando la lepra que contrajo María, advierte sobre la necesidad de observar las normas levíticas que previenen el contagio (Dt 24,9).

 

    Sin embargo será otro profeta, Miqueas, quien devolverá a María el papel que le corresponde en la liberación del pueblo sometido. Dice la profecía: “Yo (Dios) te saqué (a Israel) del país de Egipto, te rescaté de la esclavitud y mandé delante de ti a Moisés, Aarón y María” (Miq 6,4). La voz del profeta reconoce el papel de la profetisa. María, oculta bajo el manto de sus hermanos, salvó la vida de Moisés, imploró la salvación del pueblo esclavizado, reivindicó la dignidad de la comunidad peregrina y, sobre todo, fue la voz de quienes padecieron la humillación en Egipto y de quienes sufrieron menosprecio durante la ruta del desierto.

 

    Condicionados por el atavismo cultural, los autores bíblicos eclipsaron la grandeza de María bajo la magnificencia de Aarón y de Moisés; sin embargo, el susurro de la Escritura aún deja entreoír la nobleza de María: profetisa de Dios y profetisa del pueblo.        


martes, 5 de enero de 2021

¿QUÉ SIGNIFICA PENSAR?

 

                                                                             Francesc Ramis Darder

                                                                             bibliayoriente.blogspot.com

 

Como sugiere la Escritura, la capacidad de pensar implica el esfuerzo por adoptar el estilo de vida propio del profeta y del sabio. Veámoslo.

 

    En el ámbito cultural mesopotámico, las leyes asirias llamaban la atención por su crueldad, la aplicación feroz de la pena de muerte y la presencia de los castigos vicarios; este último aspecto es curioso, prevé que un inocente cumpla la pena del culpable. El pueblo hebreo inspiró su legislación en las leyes mesopotámica, pero cambió la raíz del planteamiento. El AT reduce la pena de muerte al mínimo, pues la pena capital, habitual en la antigüedad, está muy mitigada. Además, dulcificó la dureza del castigo; impidió que el inocente cumpliera la condena del culpable y prohibió los sacrificios humanos.

 

   La dureza de la legislación asiria parecía querer eliminar la vida. En cambio, las leyes israelitas favorecía la vida en todos los aspectos; por eso los profetas exigían que la ley fomentara el bienestar y la vida comunitaria. Amós advierte que la riqueza de unos pocos arroja al pueblo en la miseria, por eso demanda la justicia para obtener una existencia digna para todos (Am 8,4-14); de modo análogo, cuando Oseas percibe la insolidaridad social, reclama la misericordia (Os 1-3). En definitiva, los profetas exigen la promoción social y humana del pueblo; así siembran la vida, pues promueven la justicia, la misericordia, el perdón y la esperanza.

 

    En contraposición a la cultura mesopotámica, el mundo de las leyes; Egipto aparece  como el país de los sabios. Todo egipcio quería poseer una elocuencia deslumbrante para convencer a hombres y dioses de cualquier idea. La obra literaria más conocida es el “Libro de los Muertos”. Los hebreos aprendieron la sabiduría egipcia, pero recalcaron un aspecto decisivo. La sabiduría no solo consistía en la “elocuencia deslumbrante”, debía desarrollar la “responsabilidad” ante la vida. La sabiduría bíblica implica el esfuerzo del hombre por acrecer sus virtudes y atemperar sus defectos para alcanzar la madurez personal y la armonía social; así la sabiduría se convierte en el arte de ser profundamente humano (Ecl 3,1-8).

 

    Saber pensar implica adoptar el estilo de vida del sabio y del profeta. A la luz de los sabios, significa actuar con responsabilidad ante la vida, desarrollando las virtudes y corrigiendo las carencias personales y sociales. A tenor de los profetas, requiere el compromiso en la promoción de la vida, sembrando la justicia, la fe y la misericordia.

 


lunes, 28 de diciembre de 2020

CITAS BÍBLICAS ENERO.

 

                                              Francesc Ramis Darder

                                              bibliayoriente.blogspot.com



                                                       

1 Enero Santa María Madre de Dios

“María, por su parte, guardaba todos estos recuerdos y los meditaba en su corazón” (Lc 2,19)

¿Leo a menudo el evangelio para recordar la presencia de Dios en mi vida?

 

3 Enero Domingo

“Al principio existía el que es la Palabra [...] y el que es la Palabra era Dios [...] y Aquel que es la Palabra se hizo carne y habitó entre nosotros” (Jn 1,1.14)

¿Vivo la Navidad de manera cristiana?

 

6 Enero Epifanía del Señor

“Entraron en la casa, vieron al niño con su madre María y lo adoraron postrados en tierra” (Lc 2,11)

¿Cómo me acerco a Jesús durante la Navidad?

 

10 Enero Bautismo del Señor

“Se oyó una voz desde el cielo: Tú eres mi Hijo amado, en ti me complazco” (Mc 1,11)

¿Cómo vivo mi bautismo cristiano?

 

17 Enero Domingo

“De pronto, Juan, vio a Jesús que pasaba y dijo: Este es el Cordero de Dios” (Jn 1,36)

¿Qué significa Jesús en mi vida personal?

 

24 Enero Domingo

“Convertíos y creed en el Evangelio” (Mc 1,15)

¿Es mi vida un proceso de conversión permanente?

 

31 Enero Domingo

“Moisés dijo: El Señor suscitará en medio de vosotros un profeta como yo; a él lo escucharéis” (Dt 18,15).

¿Cómo noto la presencia de Jesús en las circunstancias de mi vida?    


 


martes, 1 de diciembre de 2020

Boko Haram, confirman fuentes de la ONU, han acabado con la vida de 110 habitantes de un poblado del norte de Nigeria.

 


                                                  Francesc Ramis Darder

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OREMOS POR LOS CRISTIANOS PERSEGUIDOS


Los islamistas matan al menos a 110 cristianos más en Nigeria

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Los islamistas de Boko Haram, confirman fuentes de la ONU, han acabado con la vida de 110 habitantes de un poblado del norte de Nigeria.

Varios hombres en motocicletas entraron en el poblado y comenzaron un “ataque brutal contra hombres y mujeres” que trabajaban en campos de arroz de una aldea cercana a Maidiguri, en el estado norteño de Borno, informa ACIprensa.

Aunque se ha estimado en 110 el número provisional de víctimas, aún se desconoce la cantidad exacta de muertos. Varias mujeres del poblado podrían haber sido secuestradas.

Se trata del ataque más violento de este año perpetrado contra civiles inocentes, pero en absoluto insólito: Nigeria y, en general, los países del Sahel, llevan años sufriendo un goteo de masacres por parte de grupos islamistas que tratan de desplazar a los cristianos de esos países y constituir estados puramente musulmanes, ante la indiferencia de la comunidad internacional.

En el ataque, muchos murieron acribillados a balazos, pero testigos presenciales señalan que algunos fueron degollados o decapitados.

El presidente de Nigeria, Muhammadu Buhari manifestó su condena a los ataques y aseguró que “toda la nación ha sido herida por estos asesinatos sin sentido”. Pero la oposición insinúa que Buhari, musulmán de la tribu de los fulani, no ve con malos ojos la ampliación de la zona musulmana de Nigeria y se muestra sospechosamente negligente en el tratamiento de esta terrible lacra.

sábado, 28 de noviembre de 2020

FRASES BÍBLICAS DICIEMBRE

 


                                                              Francesc Ramis Darder

                                                              bibliayoriente.blogspot.com



Domingo 6 diciembre

“Muéstranos, Señor, tu misericordia y danos tu salvación” (Sal 84).

En las dificultades de mi vida, ¿pongo mi esperanza en el Señor?

 

Día 8 diciembre Inmaculada

“Proclama mi alma la grandeza del Señor, se ha alegra mi espíritu en Dios mi salvador (Lc 1,46)

¿Agradecemos al Señor por todo aquello que hace por nosotros?

 

Domingo 13 diciembre

“El Espíritu del Señor […] me ha ungido […] para anunciar el evangelio a los pobres y curar los corazones desgarrados” (Is 61,1-3).

Durante el día ¿doy testimonio del evangelio practicando la misericordia?

 

Domingo 20 diciembre

“María contestó: He aquí la sierva del Señor; hágase en mí según tu palabra” (Lc 1,38)

¿Leo con atención la Palabra de Dios? ¿Dejo que la voz del evangelio transforme mi vida?

 

Dia 25 diciembre Navidad

“Hoy, en la ciudad de David, os ha nacido un Salvador, el Mesías, el Señor” (Lc 2,10-11).

¿Somos conscientes de lo que significa la encarnación; la certeza de que Dios se ha hecho persona humana entre nosotros?

 

Domingo 27 diciembre Sagrada Familia

“Como elegidos de Dios, santos y amados, revestidos de compasión entrañable, bondad, humildad, mansedumbre, paciencia” (Col 3,12)

¿Vivo el cristianismo con intensidad en el ámbito familiar?